Al Fondo con Macri

imagenes-random-2016

imagenes-random-2016

 Por Julia Strada y Hernán Letcher

El objetivo de la misión del FMI en Argentina es auditar las cuentas públicas del gobierno y efectuar proyecciones del PBI para el futuro del país en el corto y mediano plazo. Históricamente el FMI utilizó la revisión –estipulada en el artículo IV de su estatuto– como mecanismo para forzar la aplicación en los países en desarrollo de las políticas promovidas desde el organismo.

Por enésima vez el Gobierno pone énfasis en la necesidad de sortear otro “obstáculo”, en este caso la “moción de censura” del FMI para que las calificadoras de riesgo mejoren la nota crediticia del país, y con ello lograr la llegada de inversiones.

Los impedimentos que el macrismo sindicó para “volver al mundo” fueron diversos: primero, en el marco de la campaña electoral, era indispensable la victoria de Mauricio Macri para la recuperación de la “confianza” y la consecuente llegada de inversiones. Seguidamente, el obstáculo cobró forma de fondos buitres, a quienes había que pagarles la deuda acatando el fallo del juez Griesa. En tercer lugar, se argumentó que los excesivos costos laborales no permitían que los inversores extranjeros visualizaran a Argentina como alternativa de inversión (para lo que se exigieron moderaciones a las paritarias salariales y se sugirió una reforma laboral). En cuarto lugar, se puso como meta la llegada del “segundo semestre”,momento de pronosticada mejora de los indicadores macroeconómicos. Como quinto punto, se colocó el foco en el blanqueo y en la necesidad de quitar los controles de AFIP, premiando a los cumplidores fiscales con exenciones impositivas hasta 2019 en materia de bienes personales. Finalmente, el desembarco del FMI y la necesidad de obtener una aprobación a la gestión económica de Cambiemos es el nuevo obstáculo a superar para la llegada de inversiones.

Sin embargo, el achicamiento del mercado interno como motor de demanda constituyó un duro golpe a la economía local, ya afectada por el estancamiento del comercio internacional y particularmente por el derrumbe económico del vecino Brasil. El “obstáculo” para la llegada de inversiones no reside en las trabas jurídicas e impositivas, sino en la insuficiente demanda, situación agravada por conflictividad socio-laboral, que poco colabora en la venta de la imagen de estabilidad que el macrismo procura hacia afuera.

En este sentido, el recientemente finalizado “Mini Davos” se enmarcó en una catarata de anuncios (de 130.000 millones de dólares) pero con pocas inversiones “confirmadas” (aunque sin efectivo desembolso de divisas), de 18.000 millones de dólares. Lo cierto es que finalizado el Foro que tuvo lugar en el CCK, sólo se sumaron tres anuncios al ya magro 14% identificado antes del inicio del evento.

Finalizado el Foro que tuvo lugar en el CCK sólo se sumaron tres anuncios de inversión al ya magro 14% identificado antes del inicio del evento.

En este marco, revisar el comportamiento del FMI con respecto a las estimaciones construidas para Argentina resulta de particular relevancia, en virtud del estrechamiento de lazos que se verá cristalizado tras la visita del organismo.

Los “errores” del FMI

La principal característica de las proyecciones de crecimiento, así como de las sucesivas y posteriores “revisiones” efectuadas por el organismo, se fundamentan en las percepciones locales en torno a la macroeconomía. Los análisis se construyen en base a información provista por los medios hegemónicos -con quienes comparten la interpretación ortodoxa- y luego forman expectativas en la economía local en virtud de los diagnósticos expuestos.

En efecto, si observamos las estimaciones para el crecimiento de la economía argentina realizadas por el FMI a octubre de cada año (es decir, sólo a tres o cuatro meses de darse a conocer el verdadero guarismo de crecimiento), se constata unasucesión de “errores” que, no obstante, mantienen una llamativa coherencia.

Los errores en la estimación del crecimiento por parte del FMI fueron por la “positiva” o sobreestimando el crecimiento en los años recesivos de 2000, 2001 y 2002 (7,97 puntos porcentuales por encima, en promedio) mientras que entre 2002 y 2015 (sin considerar las excepciones en 2008, 2012 y 2013) dichos errores mostraron una subestimación del crecimiento en 4,00 puntos porcentuales promedio. Es decir, durante el periodo de gobiernos kirchneristas –enfrentados a la supervisión del FMI en la economía- lo proyectado por el organismo fue siempre menor –y en algunos años negativo- respecto del real crecimiento del PBI.

Gráfico N° 1. FMI: “Errores” de estimación por año respecto PBI real de Argentina, según base 2004. Reestimación 2016.

Período: 2000/2015

volvemos-al-fondo-septiembre-2016-cepa

Fuente: elaboración de CEPA en base a INDEC e Informes “Perspectivas de la Economía Mundial”, años seleccionados 2000-2015.

Durante el periodo de gobiernos kirchneristas lo proyectado por el organismo fue siempre menor –y en algunos años negativo- respecto del real crecimiento del PBI.

Como se evidencia en el Gráfico N° 1, que considera el recálculo del PBI por el INDEC de Todesca, los “errores” de estimación del organismo respecto de la etapa recesiva (2000, 2001 y 2002, con estimaciones por encima del posterior crecimiento del PBI) son en promedio de 7,97 puntos porcentuales y para periodo 2003-2015 (con excepciones para los años 2008-2009 y 2011-2014) muestran una clara subestimación en torno a los -4 puntos porcentuales promedio, de los años de mayor crecimiento del PBI.

La reiterada receta

El 8 de octubre de 2015, en un informe denominado “Las Américas ajustando bajo presión”, el organismo reclamaba:

Devaluación: “Los controles cambiarios distorsionaron los precios relativos, generaron un mercado paralelo de divisa y erosionaron la competitividad”.

Aumento de tarifas: “por la necesidad de corregir el déficit fiscal, habrá un realineamiento de los precios regulados”, o sea, de las tarifas de los servicios públicos como agua, luz y transporte.

El problema del déficit: “se necesitarán un ajuste fiscal y una orientación monetaria más restrictiva para contener los efectos de la inflación y limitar las presiones de depreciación sobre el peso argentino”.

Reforma impositiva: “la eliminación de subsidios distorsivos y la reducción de la inflación allanarán el camino para alcanzar un crecimiento más equitativo”.

En este contexto, no fueron extraños los elogios al gobierno de Cambiemos. Apenas iniciado el mandato de Mauricio Macri, el 22 de enero de 2016, Alejandro Werner, encargado del Hemisferio Occidental del FMI, dijo que la Argentina “ha iniciado una importante transición para corregir desequilibrios macroeconómicos y distorsiones microeconómicas”, mejorando este nuevo enfoque “las perspectivas de crecimiento para el mediano plazo”. Y agregó, en línea con lo anunciado por el propio Gobierno, que es necesaria una etapa de ajuste, luego del cual “los efectos positivos empezarán a tener un impulso importante”.

El 26 de julio del reciente año, Maurice Obstfeld, economista Jefe del Fondo Monetario Internacional indicó: “Después de años en los que argentina se cerró al mundo, la nueva administración se tomó el trabajo de corregir desbalances y distorsiones que recibió”.

En definitiva, la aceptación de la supervisión del FMI es la articulación necesaria para garantizar el cumplimiento por parte de Mauricio Macri de cada uno de los puntos consignados. La licuación de la soberanía nacional en la política económica constituye una verdadera ancla para volver al Fondo (del mar).

Comments are closed.