Apuesta de los BRICS, desafío regional

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Desde los medios hegemónicos, se suele hablar de los BRICS como un nuevo agrupamiento que se vincula con las altas tasas de crecimiento de algunos de los países emergentes en el siglo XXI (precisamente, Brasil, Rusia, India y China, posteriormente Sudáfrica). También se hace hincapié en la potencialidad que tienen estos países por su control de recursos naturales estratégicos, como la energía, o incluso por su importancia en términos de población y tamaño geográfico. Recordemos que estos países representan cerca del 20% del Producto Bruto del mundo, más del 40% de la población mundial y el 25% de la superficie del planeta. Poseen cerca del 40% del oro y de las divisas del mundo. China sola tiene la mayor reserva del mundo en dólares. Rusia es el principal proveedor de gas de Europa y Brasil se encuentra entre los grandes productores de hidrocarburos en el mundo. China cuenta con el ejército más numeroso del mundo y Rusia es la segunda potencia mundial nuclear y el segundo fabricante mundial de equipo militar y armamento, sólo precedido en ello por Estados Unidos.

Amén de estos datos apabullantes, poco se habla de la cuña que los BRICS introducen en el actual funcionamiento del sistema internacional y, fundamentalmente, de la economía internacional, signada por la hegemonía del capital financiero. No han sido menores los posicionamientos que han tenido los BRICS respecto al rol de Estados Unidos (Putin declaró hace pocos días que “BRICS buscará evitar una cacería de países que discrepan de EEUU”), a los que se agrega la invitación a Argentina a participar de la cumbre de Fortaleza, sabiendo que nuestro país actualmente atraviesa un conflicto de exposición mundial con los representantes de las finanzas a nivel global: los fondos buitre.

 


 

Hegemonía financiera y crisis

Si arrancamos por la década de los ’90, no son pocas las crisis cíclicas que ha atravesado la economía internacional regida por la hegemonía de las finanzas: la crisis del Tequila en 1995, la recesión iniciada en 1998 y continuada hasta los años 2000 (crisis del .com) y la reciente crisis del 2008 a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. A pesar de ello, poco se ha alterado la configuración de la estructura económica mundial, y nuevamente el sector financiero ha salido ileso de los costos millonarios de la última crisis, que cayeron sobre las espaldas de los pueblos y aún de los Estados del “primer mundo” como Estados Unidos, Grecia y España.

No obstante, también es cierto que desde el 2000 los países de la periferia han mejorado su desempeño en materia de crecimiento económico. Según datos publicados en el libro “Mundo BRICS” de Mariano Turzi, en ese año los países avanzados representaron el 63% del PIB mundial (solo los miembros de G7 Alemania, Canadá, EEUU, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido eran responsables del 49% de los bienes y servicios finales producidos por la economía), pero desde entonces la participación del producto global de las economías avanzadas cayó rápidamente. Al mismo tiempo los países emergentes comenzaron a ganar cada vez más terreno. Ya en 2003 el economista irlandés Jim O’ Neill, quien le dio nombre al bloque en sus orígenes hacia el 2001, enfatizó el potencial de los 4 países para convertirse en “una fuerza dominante en la generación del crecimiento hacia el año 2050”.

La crisis que impulsó aún más estas economías emergentes fue la crisis financiera de 2008. La fuerte producción y demanda doméstica de estos países en un escenario de caída de la demanda global, sumado a la consolidación de las arcas fiscales y a la menor exposición de sus sectores financieros a los de sus pares europeos y norteamericanos, revelaron tanto el claro poder de adaptación de estas economías al sistema económico y financiero internacional en ese entonces en crisis como la consolidación del bloque en la economía global.

En base a datos de World Economics Outlook, las propias estimaciones del FMI arrojan que para el año 2015 los BRICS tendrán el 28,78% de la participación en la economía global, incrementando cerca de 4 puntos respecto al 2010. Asimismo, si en los 10 años que van desde 1990 al 2000 incrementaron su participación en 3 puntos, entre 2000 y 2015 ese incremento será de 12 puntos.

Otro dato revelador es la mayor tasa promedio de crecimiento del PBI del bloque BRICS frente al promedio de crecimiento del PBI mundial. Mientras que los BRICS se mantuvieron durante el 2000 y 2011 con picos de crecimiento del orden del 6%-7%, el crecimiento del mundo estuvo más cercano al 5%.

 

Los BRICS y el orden internacional

En el escenario de las relaciones internacionales a comienzos del siglo XXI se presenta una dicotomía unipolar-multipolar, cambiante de acuerdo a la alteración de las relaciones de poder a cada momento. Sumada a la inserción argentina en los conocidos agrupamientos regionales -MERCOSUR, UNASUR, CELAC-, la posible integración a los BRICS (o tan sólo las fuertes alianzas con China, Rusia y Brasil) implicarían reconfigurar algunas “cuotas de poder” existentes, algo que, sin duda, se altera a expensas del poder norteamericano.

En este sentido, la primera cumbre de los BRICS (junio 2009, ciudad de Ekaterinburgo) tuvo por objetivo presentarse como una alternativa a los centros de decisiones tradicionales, proponiendo la reforma de los poderes de voto del FMI y el BM y ganar confianza a nivel internacional a través de la interacción de los 4 países (sin Sudáfrica). A su vez, en las sucesivas cumbres realizadas con posterioridad (Brasilia 2010, Sanya 2011, Nueva Deli 2012 y Durban 2013) se propuso consolidar lazos comerciales entre los miembros del bloque, mayor control del sistema monetario internacional, impulsar el reemplazo del dólar como la moneda de comercio internacional, reformar el consejo de seguridad de naciones unidas y crear un nuevo banco de desarrollo para, entre otras cosas, financiar proyectos de infraestructura y desarrollo de las economía emergentes.

En 2012 los países miembro de BRICS firmaron una declaración conjunta (que Argentina fue invitada a adherir), en la que sostuvieron que la apertura comercial no genera por sí misma crecimiento económico, desarrollo e inclusión social. Al contrario, afirmaron que son necesarias otras políticas complementarias que preserven las variables macroeconómicas, la inversión en capital humano e infraestructura. Asimismo, instaron a respetar a los espacios de política con que cuentan los países en desarrollo en consistencia con las normas vigentes en la Organización Mundial de Comercio, a los efectos de que “los países puedan alcanzar sus legítimos objetivos de crecimiento,

desarrollo y estabilidad”. Apuntaron, asimismo, una mejor y más efectiva regulación del sistema financiero y supervisión del sistema bancario.

 

Apuesta y desafío

En esta línea, la reciente invitación de Rusia para que Argentina participe de la cumbre en Brasil constituye una señal que clarifica el rumbo que los BRICS pretenden adoptar en el marco del sistema político y económico internacional. Sumado a ello, la reunión en Fortaleza apuntó a la creación del banco de desarrollo de los BRICS (anunciado para 2016) y la constitución de un fondo de reservas con aportes del grupo (con un capital de 100 mil millones de dólares) que amplía la posibilidad de negociación y de crédito para los países del bloque. A ellos se agregan las declaraciones desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, el embajador José Alfredo Graça Lima, quien sostuvo que ambos instrumentos aspiran a ser un “espejo” del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

En definitiva, el enfrentamiento que actualmente Argentina lleva adelante con los fondos buitre en el marco de la justicia norteamericana (y su clara inclinación en favor de los bonistas demandantes) ha puesto a nuestro país en el centro de un debate que trasciende las demandas puntuales. Tiene que ver con la disputa por la hegemonía de fracciones de capital (productivo y financiero) en el sistema económico mundial. Los constantes reclamos de CFK en el marco del G20 por investigar y regular los paraísos fiscales y las críticas al “anarcocapitalismo” son otra muestra del claro posicionamiento argentino respecto al patrón hegemónico de las finanzas.

Por ello, la señal enviada por parte del Presidente de una de las potencias mundiales como Rusia, junto con la visita auspiciosa del primer mandatario chino XI Jinping y la preexistente y buena relación con el país vecino, Brasil, no sólo desmienten el “aislamiento” que pretenden instalar los locales sobre el rol de Argentina en las relaciones internacionales, sino que ofrecen un marco interesante para el desenvolvimiento de las disputas centrales –por la soberanía de Malvinas, contra lo buitres y por una verdadera autonomía de la política económica- que nuestro país viene sosteniendo hace tiempo.

Poder avanzar en la conformación de herramientas financieras regionales es el desafío central que hoy tiene América Latina. La apuesta hacia la integración de “otra cosa” que por fin se desprenda de los condicionamientos conocidos –FMI, BM- con nuevos actores y otros funcionamientos –multilaterales- es también un desafío para la concreción de instrumentos útiles para batallar en un escenario mundial signado por la voracidad de las finanzas.

 

Paula Rodríguez

Hernán Letcher

Julia Strada

CEPA- CENTRO ECONOMIAPOLITICA ARGENTINA-

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