Autogestión: Condición necesaria pero no suficiente de la Economía Solidaria

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Los emprendedores, tras haber surgido masivamente a mediados de la década de los ‘90 como consecuencia de los altos niveles de desempleo, son en la actualidad un actor innegable de la economía argentina. En ese contexto, marcado por el individualismo y por la ausencia del Estado,  los desempleados buscaron soluciones individuales ante una problemática social. “Sálvese quien pueda”. Sin embargo, el alto grado de desarticulación y la lógica individual que todavía prevalece en la mayoría de ellos, requiere una intervención tanto del Estado como del movimiento de la economía social y solidaria.

*  Por Ignacio Vila y Miguela Varela

Luego del período hiperinflacionario durante el gobierno alfonsinista, el escenario nacional quedó preparado para que las teorías monetaristas neoliberales que prometían una estabilidad de los precios, tuvieran una aceptación social. La estabilidad de precios llegó pero trajo de la mano el desempleo masivo. La apertura financiera dejó al país muy vulnerable a los vaivenes de las finanzas mundiales. Las crisis internacionales impactaban fuertemente en la economía local y el desempleo aumentaba. Este modelo se mantuvo vigente hasta el año 2003, previa explosión social en 2001 y mega devaluación en 2002.

En ese marco, los emprendedores surgieron y se desarrollaron  como un fenómeno colectivo pero con una lógica individualista. El kirchnerismo los ha reconocido como actor social y se han tomado múltiples políticas públicas buscando la contención y el desarrollo del sector. Se han generado instancias de capacitación, cientos de miles de emprendedores han recibido microcréditos y subsidios que les han permitido capitalizarse y reducir costos, y han  florecido ferias en todos los rincones del país, elementos más que útiles para la comercialización y para la visibilidad del sector.

Sin embargo, nos encontramos ante un sector que produce bienes y servicios de manera descoordinada y con bajos niveles de productividad y de eficiencia. Miles de emprendedores, artesanos, gastronómicos y textiles rara vez se juntan más allá de los espacios de capacitaciones y de ferias. Las prácticas individuales en la producción siguen primando. No obstante, no tratamos de analizar de manera crítica al sujeto, sino de comprender el estadío en el cual se encuentra.

Por estos motivos, la autogestión no es condición suficiente para pertenecer a la lógica de la economía solidaria, sino que requiere de una estrecha vinculación y asociación con otros actores. Bajo esta lógica, los emprendedores deben asociarse para la compra de insumos, para la toma de crédito, para la producción y para la comercialización. Pero estas decisiones no puede estar libradas a la decisión individual, sino que el Estado debe incentivar el asociativismo.

En la actualidad, las cooperativas y las mutuales son las organizaciones ideales para contener y promover el desarrollo sustentable de este sector. No sólo por producir bienes y servicios de manera colectiva, sino también porque ya cuentan con una  estructura  inter organizacional a través de diversas federaciones y confederaciones. Asimismo, el órgano que regula y promueve al sector (el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social –INAES-) tiene un  directorio compuesto por cuatro representantes de las cooperativas y mutuales, y tres del Estado, lo que permite que las políticas públicas se decidan de manera conjunta entre el Estado y el movimiento. Además, el Instituto de la Promoción de la Economía Solidaria (IPES) es el espacio estratégico donde la militancia del sector se organiza y enmarca sus discusiones políticas.

Los emprendedores requieren de un proceso a través del cual abandonen las prácticas individuales e incorporen la acción colectiva y organizada. Por estas razones, la autogestión es una condición necesaria pero no suficiente para fortalecer el sector, y los responsables de impulsar y acompañar este proceso son el Estado y el movimiento de la economía social y solidaria.

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