Confesiones sobre la escalera

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¿Por qué la caída en los precios de los commodities afecta a la mayoría de los países latinoamericanos y no a la Argentina? Porque se aplicaron políticas proteccionistas en un contexto internacional de crisis.

“Una vez que se ha alcanzado la cima de la gloria, es una argucia muy común darle una patada a la escalera por la que se ha subido, privando así a otros de la posibilidad de subir detrás.”
Friedrich List

// Por Lautaro Actis y Julia Strada para CASH

¿Por qué se genera tanto pánico entre los organismos internacionales de crédito y la OMC cuando los países de América latina impulsan la aplicación de políticas económicas activas, si luego el resultado puede ser un incremento en la riqueza en los mismos? Friedrich List, economista alemán de fines del siglo XIX, explicaba las razones de esa “patada a la escalera”: “Para cualquier nación que, por medio de aranceles proteccionistas y restricciones a la navegación, haya elevado su poder industrial y su capacidad de transporte marítimo hasta tal grado de desarrollo que ninguna otra nación pueda sostener una libre competencia con ella, nada será más sabio que eliminar esa escalera por la que subió a las alturas y predicar a otras naciones los beneficios del libre comercio, declarando en tono penitente que siempre estuvo equivocada vagando en la senda de la perdición, mientras que ahora, por primera vez, ha descubierto la senda de la verdad”.

Algo de esto parece ocurrir en los sucesivos informes que plasman proyecciones de crecimiento para América latina. En enero de 2015, el informe del FMI “Perspectivas económicas mundiales, la economía global en transición” (GEP por sus siglas en inglés), postulaba tasas de crecimiento negativas para aquellos países latinoamericanos menos “dóciles” a los consejos de ajuste, como Argentina, Brasil o Venezuela, y mostraba pronósticos positivos para las economías más cercanas a las políticas del norte, como Perú, Colombia, Chile o México. Estas proyecciones de los organismos internacionales no gozaban de gran exactitud luego de compararlas con los números reales, una vez terminado el año 2014. Especialmente esto se detectaba en las estimaciones sobre crecimiento de los países latinoamericanos del Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial, las cuales se alejaban en promedio un 89 por ciento (FMI) y 64 por ciento (BM) del crecimiento real de 2014, respecto de lo que habían pronosticado. Precisamente los desvíos habían sido significativamente mayores cuando se trataba de países que habían aplicado políticas económicas heterodoxas que cuando seguían los lineamientos del mainstream internacional.

Cambio de pronósticos

En junio de este año, los pronósticos para el 2015 plasmados en el GEP anterior fueron revisados. La corrección al alza de efectuó sólo para 2 países de América del Sur: Bolivia y Argentina. En el caso de Brasil la corrección significó un menor nivel de crecimiento, ahora agudizado al -2,3 por ciento para 2015.

Para Argentina, el FMI pronosticó un crecimiento del 1,1 por ciento mientras que para el promedio para América latina y el Caribe un incremento de sólo el 0,4 por ciento. Se sostiene que uno de los factores que harán que nuestro país tenga ese desempeño económico será la confianza inversora (paradójicamente, una de las críticas clichés de los gurúes locales) y el crecimiento del consumo público, mientras que a niveles regionales este factor se vuelve negativo. A la vez, otra de las causas del pobre desempeño regional será la caída en los precios internacionales de los productos que se exportan, mientras en nuestro país ese factor será marginal. Se afirma además que este crecimiento argentino se mantendrá en los próximos años en un 1,8 por ciento para el año 2016 y en un 3,0 por ciento para el 2017 apoyados en la mayor confianza, en una macroeconomía más fuerte y en la posible vuelta a los mercados internacionales de capitales.

A contramano de la región

El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim señaló el 10 de junio desde Washington: “Las naciones en desarrollo fueron un motor del crecimiento luego de la crisis financiera, pero ahora enfrentan un entorno económico más difícil”, y también advirtió a los países en desarrollo ante una dura transición en el presente año por causa del incremento en el costo de endeudamiento y los menores precios internacionales de los commodities, de los cuales los países de América latina continúan siendo grandes exportadores. ¿Por qué la caída en los precios de los commodities afecta a la mayoría de los países latinoamericanos y no a la Argentina? La respuesta se encuentra en la política económica local: nuestro país aplicó políticas proteccionistas para despegar el comportamiento económico nacional de un contexto internacional caracterizado por la segunda crisis internacional más profunda luego de la crisis de 1930. Por otro lado, la política restrictiva de la Reserva Federal de Estados Unidos consistente en subir la tasa de interés generaría, dado el poder que esta economía aún conserva en las variables económicas mundiales, un incremento en los costos de endeudamiento y una merma en los flujos de capitales hacia América latina que se redireccionarán al país del norte en busca de mayores y seguros retornos.

En Argentina el estímulo productivo se acompañó del control de capitales. Mientras que algunos países crecieron gracias a la llegada de capitales foráneos para aprovechar el “buen clima de negocios”, en nuestro país se aplicó un control de cambios que permitió que el devenir económico no dependiera de la presencia de capitales especulativos que se aprovechan de los retornos positivos de las países en desarrollo pero que ante el mínimo síntoma de turbulencia, huyen a las regiones hacia los países. Ya en 2005 se aplicaron con el gobierno de Néstor Kirchner diversos requisitos, como la permanencia durante un año en el país, con la finalidad de que los capitales de corto plazo desistieran de entrar, medida que encuentra patrón de continuidad con los controles de compra de divisas en 2011 y la reforma de la Carta Orgánica de BCRA en 2012.

A su vez, mientras que el conjunto de los PBI industriales de los países latinoamericanos sufrieron una caída de su peso desde 2003 a esta parte (en función de un incremento de su exportación de bienes primarios) en Argentina se ha logrado evitar la primarización de la economía, construyendo una nueva versión del proceso de sustitución de importaciones, protegiendo la industria nacional y diversificando su estructura productiva y exportadora (si las MOI representaban el 26,9 por ciento de la canasta exportadora en 2003, ascenderán al 30,8 por ciento en el período enerojulio 2015). Esta política amortigua los efectos de los ciclos económicos mundiales, en particular de los precios de los productos agropecuarios sobre el mercado interno, y se combina con el apalancamiento a través del consumo, con políticas como AUH, Ahora 12, Procrear, Progresar y Renovate, entre otras significativas de los últimos años.

Queda claro que, si bien se enarbola la bandera del libre comercio mediante sanciones de la OMC a la protección o condenas del FMI al gasto público, no sólo ninguno de los países desarrollados llegó a ese status sin la activa intervención del Estado direccionando las riendas de la economía, sino que el funcionamiento económico local induce a descreer de los consejos económicos del norte. Argentina sostuvo sus indicadores de crecimiento y empleo a contramano de contexto regional e internacional. Como se dijo en algún momento: fue el Estado y no el mercado el que descubrió América y el que llegó a la luna

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