Efectos de la devaluación china

china

China realizó esta semana una serie de ajustes sobre el valor de su moneda, el Yuan, respecto al dólar buscando darle impulso a una nueva fase de crecimiento de su economía, que venía desacelerándose, vía estímulo a las exportaciones. Asimismo, tácitamente, esta medida busca acercar un tipo de cambio fuertemente administrado por la autoridad monetaria china a la cotización de mercado, en un claro guiño al FMI que deberá definir en los próximos meses si incorpora al Yuan en sus derechos especiales de giro, lo cual lo posicionaría formalmente como moneda de reserva junto al dólar, la libra esterlina, el euro y el yen. Esta situación implicaría para China un fuerte respaldo para imponer la utilización de su moneda a escala mundial.

¿Cómo puede afectar esto a la Argentina?

En términos comerciales, cuando un país devalúa su moneda se vuelve más competitivo para el resto de los países, dado que con la misma cantidad de dólares ahora se puede adquirir una mayor cantidad de sus productos. China es el segundo socio comercial de Argentina, detrás de Brasil. Actualmente Argentina importa productos chinos, básicamente autopartes y componentes electrónicos, sumado a los vagones de trenes que compró el Gobierno Nacional en los últimos años, por un valor muy superior –casi el doble- al que ingresa por nuestras exportaciones a China, principalmente soja y aceite de soja.

El déficit comercial con China superó en 2014 los 6.000 millones de dólares. El riesgo a futuro es que la mayor competitividad que detenta China con la devaluación se traduzca en un crecimiento del déficit comercial. El abaratamiento de los productos chinos es un incentivo para importar en vez de producir (efecto contrario a la sustitución de importaciones), situación que deteriora nuestro tejido industrial. Actualmente esto está controlando mediante instrumentos paraarancelarios como las DJAI (Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación). Pero por resolución de la OMC, Argentina deberá levantar este instrumento en diciembre de 2015. El desafío, entonces, será administrar sin las DJAI el flujo de importaciones chinas a las que presionará el mercado.

Esta situación es similar a la que estamos percibiendo con las devaluaciones que Brasil viene efectuando sobre su moneda. En síntesis, estamos en un escenario donde nuestros principales socios comerciales devalúan sus monedas y se hacen más competitivos que nosotros frente al mundo. Sin embargo, las microdevaluaciones de nuestra moneda amortiguan en parte esta tendencia. Por ejemplo, en los últimos 90 días nuestra moneda se devaluó 3,2% respecto al dólar. La diferencia es que la devaluación del Yuan, por su peso relativo en los mercados internacionales debido al poder de compra de China, presiona a la depreciación de otras monedas para evitar la pérdida de competitividad, como sucedió en Brasil esta semana con el Real, cosa que no sucede con el peso argentino. Entonces no se trata sólo de la posición de nuestra moneda frente a la devaluación del Yuan, sino frente a todas las correcciones cambiarias que la devaluación del Yuan genera.

Por otro lado, las exportaciones argentinas a China podrían verse afectadas en tanto ahora China deberá destinar mayor cantidad de Yuanes para comprar nuestros productos. Por lo tanto, esta situación podría generar que China reduzca su demanda en general y esto afecte su nivel de demanda hacia Argentina, lo cual nos impactaría negativamente generando un menor ingreso de divisas por exportaciones agropecuarias, efecto que ya se viene registrando por la caída del precio de la soja, sin mencionar el acopio especulativo de nuestro sector agroexportador para presionar sobre el tipo de cambio.

Efecto sobre petróleo

La desaceleración del crecimiento de la economía China de los últimos tiempos fue uno de los principales factores que incidieron en la brusca caída del precio del petróleo. El otro factor principal está dado por la importante existencia de stock global de crudo: un fuerte aumento de la oferta que presiona a una baja del precio. La devaluación efectuada por China, principal demandante de energía del mundo, implica el gigante asiático deberá destinar más cantidad de yuanes para pagar petróleo. Los mercados interpretan una devaluación como un símbolo de debilidad o vulnerabilidad de una economía, que genera incertidumbre respecto a su evolución. A su vez, este encarecimiento hace que las perspectivas de consumo de China se deterioren y el mercado de futuros, donde se fija el precio del crudo, realice una lectura en la que podría haber una caída de la demanda de petróleo por parte de China. Esta lectura se tradujo en una mayor caída del precio del petróleo esta semana.

En este sentido, el escenario para Argentina no se modifica respecto al experimentado en 2014 con la brusca caída del precio del petróleo. Argentina tiene aún déficit energético (no es autosuficiente) y debe destinar reservas para sostener su nivel de consumo energético, situación que llevó a la estratégica recuperación de YPF y que permitió ir reduciendo ese déficit aunque aún no se pudo revertir. Asimismo, si se busca crecer en términos industriales es muy probable que se requiera mayor importación de energía. Por lo tanto el autoabastecimiento podría demorar algún tiempo más. En este contexto una caída del precio nos favorece: destinamos menos dólares a la importación de petróleo; aunque al mismo tiempo podría perjudicar el flujo de inversiones extranjeras hacia Vaca Muerta. Sin embargo, al contrastar ambas cuestiones puede afirmarse que la primera, que nos favorece, tiene un mayor peso que la segunda, que nos perjudica, dado que esta última tiene un horizonte de muy largo plazo que no se ve tan afectado por las fluctuaciones coyunturales del precio del petróleo. En síntesis: en el corto y mediano plazo, la caída del precio del petróleo, nos favorece más de lo que podría perjudicarnos.

Efecto sobre el mercado financiero internacional

En las bolsas de EEUU y Europa cotizan acciones de empresas automotrices y de bienes de lujo sobre las que tiene una importante influencia la evolución de la economía China, en tanto el país asiático es uno de los principales mercados para la colocación de estos productos. Nuevamente, los mercados han interpretado en la devaluación del Yuan un signo de incertidumbre respecto de las perspectivas de demanda de China. Esto hace que las perspectivas de ventas de las empresas sean menos favorables y por lo tanto caigan los precios de sus acciones. En esta tendencia el

Merval, mercado relativamente pequeño y vulnerable a los movimientos externos, no ha sido la excepción.

Efecto sobre las reservas

Es sabido que una buena parte de las reservas argentinas corresponden al swap con China. Bajo esta premisa, una devaluación del Yuan supondría inmediatamente un deterioro de nuestras reservas medidas en dólares: con los Yuanes que tenemos en el BCRA ahora compramos menos dólares. Sin embargo, tal como se aclaró desde el BCRA, esto no afecta patrimonialmente nuestras cuentas, dado que un swap es un intercambio. Y así como la devaluación del Yuan implica una pérdida de unos 150 millones dólares, también tendremos que cancelar 150 millones de dólares menos a China por el swap. A esto se refiere la autoridad monetaria cuando aclara que los activos están calzados con los pasivos, neutralizando patrimonialmente el efecto de la devaluación.

¿Esta política devaluatoria de China puede sostenerse en el tiempo?

Difícilmente. La economía china no está en recesión. Sólo mostró una desaceleración en su ritmo de crecimiento. Aun hoy las perspectivas de crecimiento para 2015 se encuentran en torno al 7%. La corrección del tipo de cambio en China busca dinamizar su competitividad comercial mediante un impulso exportador; y no salir de una crisis. Las microdevaluaciones de nuestra moneda amortiguan el impacto de la devaluación del Yuan. El principal impacto se produce por el efecto que la devaluación del Yuan genera en el resto de las monedas, por ejemplo en el Real. La decisión de nuestras autoridades monetarias de administrar el tipo de cambio mediante microdevaluaciones y fluctuaciones en las tasas en vez de realizar una corrección abrupta del tipo de cambio para obtener inmediata competitividad comercial responde a la lógica de preservar el salario real, que se vería fuertemente deteriorado ante una brusca devaluación. Esta dirección es un claro signo de adecuación de la política monetaria a los lineamientos generales de la política económica y social definida por esta gestión, que busca fortalecer a la clase asalariada y ubicarla como motor del crecimiento. El desafío es amortiguar el impacto de las fluctuaciones cambiarias de nuestros principales socios comerciales con instrumentos alternativos que no expulsen a dicha clase social: impulsar el comercio externo sin descuidar el comercio interno.

por Martín Leonardo Fernández

 

Comments are closed.