El complejo agroespeculador

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El hecho central en el agro reside en la concentración, fundamentalmente a través de los grandes “traders” o comercializadores internacionales, y además con participación de terminales portuarias que prestan servicios de almacenamiento y comercialización. Esta concentración se manifiesta tanto en la cadena del trigo, como en la del maíz y la soja, y se refleja en varios eslabones de la cadena productivo-comercializadora:

  •  Concentración en volumen exportado: el 90% lo administran Cargill, Toepfer, ADM Argentina, Bunge Argentina, Dreyfus, ACA y Nidera.
  •  Concentración en la capacidad instalada para procesamiento de soja y girasol: Cargill, Aceitera General Deheza (AGD), Molinos Río de la Plata, Dreyfus, Bunge, Vicentín, Noble y Nidera poseen el 83,1% de la capacidad total.
  •  Concentración en el acopio: pocas empresas con capacidad financiera suficiente.

Esta estructura les brinda posibilidades concretas de incidir en el precio de compra de su insumo –es decir, del producto agropecuario- e incluso, en muchos casos, sobre sus contratos de adquisición en momentos previos a la cosecha (como proveedor de insumos o de financiamiento).

Entre los productores la concentración existe, pero es menor. Además, la oferta de grano de trigo se concentra en tres meses (incluso con los silobolsas que han modificado levemente esta cuestión) otorgándole a los acopiadores, molineros y exportadores un poder significativo al concentrar la demanda para influir en el precio. El productor termina vendiendo su cosecha al precio por debajo del FAS teórico (precio internacional sin retención) al no contar con suficiente espalda financiera para esperar un mejor momento de venta. La misma nota de La Nación menciona, citando a Ambrosetti, economista de Sociedad Rural Argentina “…están sin apuro para comprar. Además está entrando la cosecha”.

Ahora bien, por un lado, la concentración los habilita a obtener un importante poder de condicionamiento sobre los productores para fijar el precio, pero además, aprovecharon –y aprovechan- los “ROE” con el mismo objetivo. Estos son cupos de exportación que se implementaron desde 2008 para proteger el abastecimiento interno y subsidiar el precio interno de la harina y derivados. El verano pasado (2014-2015) por ejemplo, los exportadores de trigo, aún teniendo cupo disponible para exportar, no exportaban intentando estancar artificialmente el mercado local y comprar lentamente grandes cantidades de trigo y maíz por debajo del precio FAS teórico. Es decir, resignaban temporalmente una parte del volumen de la exportación para obtener una mayor diferencia entre la compra y la venta, bajándoles el precio a los productores.

En los conflictos de los últimos años, desde las entidades del agro se insistía en que sin ROE, sin retenciones y con mejor precio de tipo de cambio (devaluación), los productores recibirían un mejor precio para sus productos (de hecho, la gran excusa de las grandes transferencias al agro fueron los beneficios de las economías regionales). Se comprueba que con las dos últimas medidas de devaluación y retenciones 0, los comercializadores concentrados siguen condicionando al productor al punto que al productor de trigo le pagan, como dice la Nación, un 26% menos.

Las razones esgrimidas por los “especialistas” de La Nación son variopintas: hay estacionalidad y por ende más oferta, los exportadores ya tienen stock y no están apurados por comprar, el trigo que se ofrece es de mala calidad, y fundamentalmente sostienen que no se concretó la eliminación de ROE.

La pregunta es ¿son los ROE los responsables de no permitir un mejor precio a los productores? Los ROE han sido evidentemente una herramienta aprovechada por los comercializadores para potenciar su concentración. Aun sin cupo o ampliándolo en virtud de una mayor producción que exceda el consumo interno, desde nuestro punto de vista el problema es la concentración: seguirían especulando de distintas formas. Así como en función de los aumentos nominales de ingreso en los últimos años por políticas sociales y paritarias, los oligopolios de la industria alimenticia aumentaron los precios para quedarse con ese ingreso adicional, el sector concentrado del “complejo agroespeculador” utiliza todo lo que encuentra a su alcance para condicionar al productor, una vez que éste cosechó y no tiene espalda financiera para elegir cuándo vender o negociar precio.

Evidentemente el actual gobierno tiene poca intención de regular este accionar. El paradigma de esta escasa voluntad fue la decisión de eliminar bajo la excusa de “defender las economías regionales” las retenciones sin segmentación, favoreciendo a los altamente concentrados que han stockeado.

El diario La Nación sugiere una posible razón adicional para este comportamiento: que “los descuentos son una prenda de cambio de las cerealeras con el Gobierno a cambio de ingresar U$S 400 millones por día en tres semanas”. Bajo este supuesto, que reconoce implícitamente el poder de condicionamiento que tienen las cerealeras, éstas buscarían apropiarse de un excedente mayor de los productores (comprándoles a menor precio) en pos de cumplir el acuerdo con el Gobierno de Macri de liquidar la cosecha, en este escenario con un dólar menor al de sus expectativas (de 13 y no de 16 pesos).

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