El dato de la mañana 05/11/15

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05/11/15

Renovada puja entre inflación y dólarcuadro5

En Foco. La discusión entre economistas es si los precios internos ya están ajustados o no al dólar paralelo.


 

El diario Clarín del día de hoy insiste en la necesidad de una devaluación y se pregunta por sus efectos.

Tanto Clarín como el staff de Cambiemos saben bien el impacto inflacionario de la medida, pero prefieren ocultarlo. Desde el macrismo se indica que la devaluación “ya se produjo” dado que “una parte de los precios de la economía están fijados al dólar paralelo o al “contado con liquidación”, que en estos días ronda los $ 13,75”. El razonamiento sigue: “Si así fuera, un toque al dólar no debería trasladarse íntegramente a los precios del resto de la economía”, indica la nota de hoy.

El objetivo esgrimido para devaluar es la mejora de la “competitividad” del país (en virtud de las devaluaciones de Brasil y otros socios comerciales), fijando el tipo de cambio en valores similares al actual dólar ilegal. Así lo manifestaron tanto Prat Gay como Melconian, apuntando a que la cotización se ubicaría en el corto plazo cerca de unos $16 por dólar. En este marco, vale la pena considerar:

1. La “necesidad” de devaluar se sustenta en una visión ficticia de la competitividad, que se basa en la alteración del tipo de cambio como mecanismo de estímulo exportador. Tal análisis oculta que el desempeño externo no depende estrictamente del abaratamiento ficticio vía devaluación de los productos, sino que en última instancia éste depende del nivel de la demanda mundial, la cual se encuentra estancada por efecto de la crisis internacional. Es decir, como dijo Diamand en 1974, la devaluación no genera per se dinamismo en las exportaciones. Basta ver, precisamente, que en Brasil la devaluación no pudo detener la caída de las exportaciones: los valores exportados por Brasil cayeron un 17 por ciento en relación al 2014 y la inflación alcanzó su marca más elevada de los últimos 12 años (10%).

Hoy Clarín también ratifica que en Brasil “la devaluación del real frente al dólar, de casi 32% desde inicios del año, no produjo el efecto “reactivador” esperado por la vía de las exportaciones. Los informes referidos a octubre indican que las ventas de bienes brasileños al exterior siguen en picada: registraron una caída de 4%” (Nota: “La producción industrial en Brasil cayó un 10% en un año”, 04/11).

2. Precisamente, en el caso argentino, la causa de la reducción del superávit comercial en meses recientes ha sido también la caída de los precios de los commodities a nivel global, que impactaron negativamente en toda la región (en 2015 el déficit comercial para América Latina y el Caribe ascendería a 67.860 millones de dólares, cuando el rojo había sido de 29.668 millones en 2014 y de 3781 en 2013). Con un sencillo cálculo, que multiplica el precio internacional de los productos exportados de los primeros 8 meses de 2014 por Argentina con las cantidades exportadas en 2015, el valor de las exportaciones argentinas hubiese superado en 13.204 millones de dólares al actual. Nuevamente, el problema no es el precio de los productos, sino la falta de demanda.

3. Indudablemente, la devaluación impactaría de lleno sobre las importaciones. El aumento de los costos de insumos importados actuaría de manera recesiva. Sólo de esta forma, vía “enfriamiento económico” (importando menos), se conseguiría mejorar la balanza comercial.

4. La principal consecuencia de la devaluación sería una significativa caída del salario real (por encarecimiento del costo de vida), achicando así el consumo, por ende la producción y sumando presiones al nivel de empleo. Esto se sostiene por las propias declaraciones de Melconian quien no modificaría los ingresos nominales: “ya no se pueden subir más sueldos y jubilaciones” (04/11) que se agrega a la célebre frase de Espert: “las paritarias son un concepto absolutamente fascista, el Estado no tiene por qué meterse” (27/07/2015). A su vez, la combinación con el aumento de tarifas de servicios públicos como gas y electricidad -como sostuvo Michetti- aumentaría más el nivel de precios: “no podemos estar pagando la luz, el gas y hasta el transporte como lo estamos pagando” (30/10/2015).

Un economista crítico al gobierno (Frenkel del Cedes) ya calculó una inflación de 6% en el primer mes después de una devaluación de 40 por ciento (citado por Clarín, “Advierten sobre el impacto inflacionario de una devaluación”, 03/11).

Si las explicaciones teóricas no son suficientes, basta revisar los impactos de las devaluaciones acompañadas de paquetes de ajuste en la Argentina:

  • Rodrigazo: La devaluación en 1975 fue del 719% (acompañada de un fuerte incremento de tarifas en distintos rubros como Nafta Especial 172,7%; Nafta Común 181,3%; Otros Combustibles 52%; Electricidad 40-50%; Gas 40-60%; Transporte Público 75%; Subtes 150%, que dispararon el resto de los precios). Los tarifazos y la inflación hicieron mella en el salario real y llevaron a la caída de la participación de los trabajadores en el ingreso del 48,5% al 45%, la cual se profundizó con las políticas de la dictadura de congelamiento de salarios y liberación de precios de mayo de 1976, llevando dicha participación de los trabajadores al 30,4%.

  • Crisis de 1981: la devaluación durante 1981 fue del 226%. Coronando la transferencia de ingresos, casualmente en el mismo año se inició la estatización de la deuda privada a través de los seguros de cambio. Impactos. Entre 1980 y 1981 el desempleo pasó del 2,6% al 6% y los asalariados perdieron 6,8 puntos de su participación en el ingreso (de 29,4% a 22,6%).

  • Hiperinflación de 1989: la devaluación llegó al 2038% (y se acompañó de la suspensión de los subsidios y subvenciones, de los regímenes de promoción industrial, del régimen de compre nacional y de las privatizaciones). En función de las medidas, el desempleo pasó del 5,7% al 7%, y el subempleo de 7,4% al 8%; la pobreza aumentó del 32,3% al 47,3% y la indigencia del 10,7% al 16,5%. La participación de los asalariados pasó de 29,4% a 26,7%.

  • Fin de la convertibilidad: la devaluación a principios de 2002 fue del 214%, y se acompañó de la pesificación asimétrica1. La devaluación produjo una transferencia de ingresos del trabajo al capital en el orden del 9%. El salario real cayó un 30%, la pobreza se elevó al 54% y la indigencia al 30%. La participación de los asalariados en el valor bruto de producción cayó del 38% al 31% y la desocupación se elevó al 22,5%.

En este marco, no es casual la comparación que realiza Clarín: “esa apuesta [a la devaluación] es tan vigorosa, precisamente, por las condiciones de atraso cambiario, similares en algunos aspectos a las del fin de la Convertibilidad”, pareciendo justificar una salida brusca como la del año 2002. Hacia el cierre de la nota se explica: “tarde o temprano, los costos de inflar burbujas se pagan y las promesas de campaña no logran taparlos”.

Julia Strada- Hernan Letcher (Centro de Economía Política Argentina)

1 Remes Lenicov, bajo presión de los empresarios más poderosos, decidió pesificar las deudas privadas superiores a los cien mil dólares, a la relación un peso un dólar. Los depósitos de los ahorristas y los pases del Banco Central, en cambio, se pesificaron a 1,40 por dólar, al igual que los préstamos del sector público y los encajes bancarios. El costo de esta diferencia (socialización de las pérdidas), saldado con emisión de títulos públicos, compensaciones varias y auxilios públicos con líneas de redescuentos, implicó el aumento en aproximadamente 47.000 millones de dólares de deuda pública nacional nueva. Significó en un solo año, un incremento del 30% del pasivo público.

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