El índice IPOD de CAME escaló al 7,1 para enero 2016

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A partir de agosto de 2015, la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) ha lanzado el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD). Esta herramienta mide la diferencia promedio entre los precios que se pagan a los productores de alimentos en los lugares de producción y los que los consumidores abonan en los centros de consumo. En resumidas cuentas, se encarga de calcular la variación de los precios entre origen y destino para identificar posibles problemas y distorsiones a lo largo cadena de comercialización. Con este método, podríamos conocer la cantidad de veces o el porcentaje que un producto se encarece desde que es producido en origen hasta que es dispuesto para su venta al consumidor final.

CAME elabora un IPOD vegetal sobre una canasta de diecinueve productos y otro de carácter animal sobre cuatro productos sensibles: huevo, carne, pollo y leche. Esta desagregación se utiliza luego para confeccionar un índice general agropecuario que incluye ambas dimensiones robusteciendo el valor explicativo del mismo. El dato que arroja el IPOD agropecuario fue solo en enero de 2016 de 7,1. Es decir, el precio promedio de una canasta base creció siete veces desde su origen hasta su destino.

Pongamos algunos ejemplos de enero. El precio de la pera por kilo en origen fue de $ 1. Cuando lo comparamos con el precio promedio por kilo en los lugares de consumo, el precio ascendió a los $20. Es decir que la variación porcentual del precio fue de 1900%. Este mismo calculo podemos trasladarlo a diversos productos. En entre otros que se destacan encontramos la manzana con variaciones de 1472%, arroz 1242%, acelga 1207%, repollo 648%, cebolla 595%, brócoli 571%, etc.

Gráficamente podemos observar los diferenciales de precios. La primer barra por cada producto representa el valor en góndola y la segunda el valor que se pagó al agricultor / productor en origen. Las diferencias son notables. En definitiva, la diferencia entre los valores que asumen las dos barras representaría la “transferencia” de los consumidores hacia sectores ajenos a la producción en origen. Detectar cuál de ellos se apropia del excedente es el desafío que deben plantearse las autoridades. Ya sabemos de sobra que los hipermercados concentran y fijan precios desvirtuando cualquier acuerdo o intento de eliminar las asimetrías en las economías regionales. Misma actitud toman “acopiadores” y demás intermediarios en la cadera alimentaria. Veamos:

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Si bien estos datos nos orientan en cuanto a la identificación de los productos que mantienen acentuadas desviaciones de precios, es una obligación del sector público intervenir en cada eslabón de la cadena desalentando aumentos desmedidos de precios protegiendo el poder adquisitivo. A juzgar por los cambios que se han producido en la Secretaria de Comercio a partir de diciembre de 2015, difícilmente podremos pensar en una solución que tenga que ver con intensificar los controles de precios en dichos sectores. En esta línea, se ha desmontado el observatorio de precios y escamoteado el programa “Precios Cuidados”, dejando intencionalmente a buena parte de la población a merced de los avatares del “mercado” y de los comerciantes y acopiadores inescrupulosos. De esta forma controlar la inflación será tarea infructuosa.

Por Diego Liffourrena​ (CEPA)

 

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