El laberinto griego: el camino recorrido y las alternativas a futuro

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La histórica victoria de Syriza, el partido de izquierda liderado por Alexis Tsipras, en las elecciones parlamentarias griegas parece marcar un punto de inflexión no sólo para Grecia sino para la Comunidad Europea, ya que podría contagiar políticamente y ayudar al ascenso de partidos anti-establishment en España, Reino Unido, Suecia, Finlandia o Alemania.

La realidad económica griega marca que el país transita grandes y profundas dificultades, y su futuro depende de qué políticas aplique de ahora en adelante.

Política económica

A partir de la crisis financiera internacional que se desató en EEUU hacia 2007 y golpeó a Europa a partir de 2008, la conformación de la troika -órgano tripartito conformado por el FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y la Comunidad Europea (CE)- ha sido determinante en la política económica de los países de la eurozona.

En 2010 la situación griega era crítica. Seguido al escándalo por la adulteración -con ayuda de Goldman Sachs- del déficit presupuestario, se solicitó al FMI su intervención crediticia bajo condiciones de ajuste fiscal que fueron presionadas al mismo tiempo por el BCE y la CE en función del Pacto de Estabilidad europeo. Esta situación se repetiría luego poco tiempo después en Irlanda y Portugal. En 2012, Grecia debió solicitar un nuevo rescate debido a que el estrangulamiento de sus cuentas producto de la política contractiva le impedía afrontar el pago de los servicios de deuda. Comenzó entonces una etapa de sucesivas inyecciones de crédito a Grecia por parte de la troika, como siempre sujetas al cumplimiento de las políticas fiscales de corte neoliberal, que han dado en llamar amablemente “políticas de austeridad”.

Desde entonces, las principales medidas llevadas a cabo bajo este programa de “rescate” han sido: reducción del gasto público en salud (recorte en medicamentos y en horas en hospitales), en gasto militar, reducción del tamaño del aparato de Estado (recorte de puestos de trabajo en alcaldías, instituciones locales y gobierno central), reducción de las jubilaciones, recorte drástico de la inversión pública, traspaso de tenencias públicas de empresas de servicios al capital privado, drástica reducción y posterior congelamiento de los salarios.

Sólo para graficar la rigidez del gobierno tecnócrata en la implementación de la política de austeridad cabe recordar que en 2012 la situación llegó a un punto en que a muchos jubilados de Atenas (en la propia capital) sufrieron los cortes de sus servicios básicos por estar impagos, cuando la suma facturadas de los mismos superaba ampliamente el ingreso jubilatorio.

Así y todo, los resultados distaron mucho de lo previsto: Grecia ha atravesado una larga y profunda recesión en la que su producción se redujo 25% respecto a los niveles anteriores a la crisis; la tasa de desempleo ascendió a casi 26% y por encima de 50% entre los jóvenes. En 2013 Grecia conoció su sexto año consecutivo de recesión: el PBI se contrajo 4.2% luego de que en 2012 se contrajera 6%. Se espera, sin embargo, un leve crecimiento en 2014.

El peso de la deuda

La deuda externa es quizás el problema más acuciante que enfrenta Grecia. A partir de 2010 el gobierno comienzó a impulsar una serie de planes de ajustes fiscal que se profundizaron luego en 2012 bajo el gobierno de coalición. Mediante la aprobación de estos planes, Grecia se aseguró la gestión de la troika en la reestructuración de su deuda en 2012 que pasó de representar 160% a 120.5% de su PBI gracias a la importante quita (casi 74%) aceptada por los adherentes al canje (95% según fuentes oficiales).

Sin embargo, las constantes revisiones de la situación fiscal impulsaron a Grecia a comprometerse constantemente con nuevos recortes que estrangulaban cada vez más su economía, institucionalizando así un siniestro círculo vicioso en el que sólo se conseguían ingresos mediante créditos a cuentagotas que alivianaban las nuevas obligaciones de deuda.

Actualmente la deuda -que en 2012 había conseguido reducirse de 350 a 245 mil millones de euros- asciende a 315,5 mil millones de euros, lo que representa el 176% de su PBI. Para tener una dimensión más cabal de lo que esto significa, Argentina en 2002 poseía una relación deuda/PBI de 166%. Se estima que el vencimiento medio de la deuda griega es de 25 años y a un interés del 2.4%. Casi el 70% de esa deuda está en manos de países europeos y el FMI (215.800 millones) que, sumados a la deuda que posee el Banco Central de Grecia con el BCE por 41.700 millones de euros, asciende a un total de 257.500 millones de euros.

Alemania es el mayor acreedor de Grecia con un total de 72.720 millones de euros (28.3%). Lo siguen Francia con 55.209 millones (22%), Italia con 48.380 millones (18%) y España con 32.744 millones (12.7%). Luego, Holanda con 15.507 millones (6%), Bélgica con 9.470 millones (3.7%), Austria con 7.562 millones (2.9%) y Finlandia con 4.873 millones (1.8%).

Otro aspecto de la deuda se vuelve determinante. Y es que tal como sucede en Argentina, los buitres han hecho su jugada. Resulta que los principales fondos buitre (Elliot de Paul Singer y Dart Management de Keneeth Dart) adquirieron deuda griega (3.000 millones de euros aproximadamente) en default entre 2010 y 2012 a menos de la mitad del valor de los títulos,

esperando litigar ante una quita durante la reestructuración de 2012. Como finalmente no sucedió tal quita para esos títulos, ingresaron al canje materializando una ganancia del 100% al obtener nuevos títulos que reconocían el valor nominal de los anteriores. A partir de allí, estos fondos se encuentran a la espera de un nuevo intento de reestructuración por parte de Grecia para comenzar sus operaciones en los tribunales europeos (la deuda está emitida bajo ley europea).

Paul Singer ha anunciado públicamente que iniciará acciones legales en caso que Grecia incumpla las condiciones de los títulos emitidos en 2012. Por supuesto que los buitres ya se han asegurado una más que importante ganancia a través de los CDS (derivados financieros que actúan como seguros contra default), que ya han multiplicado su valor a partir de la victoria de Syriza.

Los valores y la estructura marcan que es casi imposible para Grecia afrontar esta deuda tal y como está. Sin embargo, el gran peso que esta representa para los países europeos mencionados juega a favor de Grecia a la hora de una eventual renegociación so pena de que una quiebra de la deuda griega sería muy perjudicial para los balances de los países acreedores. A su vez, la troika ha declarado que no participará de un hipotético recorte de deuda, algo que será determinante para el andar de la economía griega.

El nuevo Gobierno

Los pilares del nuevo gobierno griego se centran en políticas sociales, económicas y de empleo.

Políticas sociales (2.000 millones de euros): contemplan medidas tales como electricidad gratuita a 300.000 hogares (59,4 millones), subsidios de alimentación para 300.000 familias sin ingresos (756 millones), ayuda a la vivienda en base a un subsidio de 3 euros por metro cuadrado en apartamentos de 30, 50 y 70 metros (54 millones), el restablecimiento de la paga de Navidad para más de un millón de jubilados y el aumento a 700 euros de la pensión mínima (543 millones), el servicio médico gratuito para desempleados (350 millones) y prevé un bono gratuito para uso del transporte público (120 millones).

Políticas económicas: basadas en la abolición del impuesto sobre bienes inmuebles (2.000 millones), exención fiscal de los ingresos anuales inferiores a 12.000 euros (1.500 millones) y el incremento del capital inicial de un banco público de crecimiento (1.000 millones), sumado a la creación de un Instituto de Gestión de la deuda privada, la prohibición de los desahucios en la primera vivienda si esta está valorada en menos de 300.000 euros (2.000 millones) y el aumento del salario mínimo a 751 euros al mes.

Políticas de empleo (3.000 millones): Syriza plantea crear 300.000 nuevos puestos de trabajo y recuperar los Convenios Colectivos de Trabajo.

Estas políticas implicarían un total de 11.400 millones de euros al tiempo que se espera obtener un ingreso de cerca de 12.000 millones de euros (3.000 millones mejorando las condiciones de pago de la deuda, 3.000 millones persiguiendo el fraude fiscal, otros 3.000 millones a partir de la reorientación de fondos europeos, y los últimos 3.000 del Fondo de Estabilidad Monetaria).

La discusión acerca de la eurozona

A este panorama, hay que añadirle la inserción que tendrá Grecia en el mundo. A pesar que desde el flamante partido gobernante se sostenga que salir del euro no es una opción que estén analizando, es una posibilidad latente y que merece ser considerada.

Mantenerse dentro de la zona euro implicaría quedar encorsetado a las políticas de la troika y a los designios de Alemania limitando la política económica griega, pero les aseguraría poder renegociar mejor su deuda, conseguir cierta paz interna y acceder al mercado europeo que de otra manera le quedaría vedado. Asimismo, en este escenario, Grecia estaría en condiciones de reclamar los ingresos pendientes que había gestionado el gobierno saliente y cuyo precio ya ha pagado la población entera.

Por otro lado, salirse de la zona euro implicaría poder establecer una moneda competitiva (mediante una fuerte devaluación), aplicar autónomamente política económica e intentar la reactivación de su alicaída industria (refinerías de petróleo, construcción naval, textiles, cemento y acero más las nacientes industrias lácteas y de agroalimentos, y el tradicional turismo), generando mediante la exportación las divisas necesarias para apuntalar la industria naciente y los compromisos financieros. Un paso fundamental en esta estrategia será desarrollar nuevos mercados y organismos internacionales que le permitan acceder a nuevas instancias de negociación.

Para desandar el camino que llevó a Grecia a su estado actual, es necesario y fundamental desmontar la estructura económica existente, lo que significa tratar de destruir la resistencia de las clases beneficiadas que desean mantener su status quo. Entonces, para modificar la vieja estructura y poder afrontar las nuevas políticas económicas, Syriza deberá confeccionar una nueva alianza de clases en donde deberá conjugar a los trabajadores con otras clases como ser el empresariado mediano y pequeño, sectores financieros, y los sectores medios urbanos vinculados a los servicios y a la administración pública.

En un contexto europeo caracterizado por la recesión, el aumento del desempleo y el endeudamiento excesivo, Grecia y su nuevo gobierno aparecen como la esperanza de muchos europeos de transformar una economía ligada a la especulación financiera y a la concentración de la riqueza en una economía de neto corte nacional y popular.

Nicolás Taiariol – Martín Fernández – Juan Cruz Lucero

 

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