Fuga y misterio

HSBC

El cálculo oficial del stock de activos externos asciende a 205 mil millones para 2012. Con el “método residual” del Banco Mundial, ese monto sube a 440 mil millones.

Por Nicolás Taiariol y Juan Manuel Ortiz

El titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, asistió hace unos días a la sesión de la Comisión de Cuentas Públicas de la Cámara de los Comunes del Reino Unido para solicitar que el banco británico HSBC Holdings permita a la Argentina repatriar los 3500 millones de dólares detectados en las cuentas ocultas en la sede suiza de la entidad financiera. Corresponden a unos 4000 perfiles argentinos que fugaron divisas en 2006.

Estos capitales salieron ilegalmente de Argentina según reveló Hervé Falciani, un ex empleado de la sucursal suiza del HSBC que extrajo entre 2006 y 2008 información referida a 130 mil clientes de varios países que terminaron en poder de las autoridades tributarias francesas. La lista de 4040 clientes argentinos con cuentas ocultas en Suiza establece que Argentina es el octavo país con más clientes registrados en el HSBC de Ginebra, por delante de Estados Unidos, Alemania y Rusia. El Grupo Clarín (106 millones) lidera la lista, le siguen el Grupo Fortabat (101,3 millones), la generadora termoeléctrica Central Puerto (82,2 millones), Telecom Argentina (18,8 millones), la compañía bursátil Caja de Valores (17,6 millones), Mastellone Hnos. (16,2 millones) y LKM Laboratorio (14,0 millones).

La denuncia de la AFIP está en terreno judicial y a la espera de los avances de la causa. Sin embargo, este tema vuelve a poner en discusión un aspecto muy sensible para la economía argentina, que es la fuga de divisas.

El giro de la riqueza argentina al exterior data de muchos años pero se volvió una constante desde comienzos de los ’70. Uno de los momentos más trascendentes fue durante la última dictadura cívico-militar en donde se impuso el modelo conocido como “valorización financiera” y que rondó cerca de los 23 mil millones de dólares. Luego, entre 1995 y 1998, y a causa de la recesión económica por el efecto Tequila y la posterior crisis financiera, la fuga sumó 41 mil millones de dólares. El derrumbe de la convertibilidad entre 1999 y 2001 sumó otros 28.500 millones. A partir de 2007 se generó una nueva escalada que aún se mantiene activa. El trabajo realizado por Cefid-Ar (“Fuga de Capitales II, Argentina 2002-2012) muestra que el cálculo oficial del stock de activos externos se realiza a través de la Posición de Inversión Internacional del Indec y que esta cifra ascendía a 205 mil millones para 2012. Si se utiliza el “método residual” (series de tiempo largas de la Balanza de Pagos) para 2012 el stock de activos externos alcanzaría los 440 mil millones.

Cada período de fuga descripto tiene características propias y responde a un capítulo puntual de la historia económica argentina, pero todos se desarrollaron en un contexto de integración de la economía nacional a las desreguladas finanzas globales y a la minimización de los mecanismos de control de los movimientos de capitales.

Los procesos de fuga durante la dictadura cívico-militar, el efecto Tequila y la salida de la convertibilidad sucedieron en momentos de crisis y fueron sustentados por la disminución de las reservas del Banco Central o el aumento del endeudamiento externo. Debemos diferenciar que en esos momentos el Estado tuvo un rol activo para promover la fuga: o lo hacía a través de una alta tasa de interés interna que permitía la valorización financiera, o el Estado se endeudaba para conseguir los dólares, incrementar las reservas del Banco Central para que luego los actores privados fugaran el dinero. En tanto, durante el kirchnerismo las fugas de divisas sucedieron en momentos de crecimiento de la economía y fueron sustentadas por el superávit de la balanza comercial. En este caso, el Gobierno no se endeudó ni hubo aumentos de la tasa de interés real.

La pérdida abundante de divisas sin generar una crisis de proporciones en el kirchnerismo no significó que no haya incidido en la economía, al contrario, provocó un menor crecimiento, ya que cayeron las posibilidades de inversión, redujo la recaudación (por menor base imponible) y disminuyó la cantidad de depósitos bancarios (fondos prestables). Otro problema que se genera está asociado a la industria, en tanto que ésta necesita de divisas para pagar sus importaciones tanto de maquinarias como de insumos, y dado que Argentina no “fabrica dólares” debe agudizar los mecanismos de manera tal que los dólares puedan sostener el nivel industrial. Por último, está el problema de hacer frente a los vencimientos de deuda externa, los cuales también son en dólares.

La fuga de capitales además produjo una reducción en la balanza comercial, que si bien tiene múltiples fuentes, se vio afectada dado que su trayectoria está íntimamente relacionada con el comportamiento de las grandes firmas y su reticencia inversora. A partir de 2008, se advierte un significativo aumento de las ganancias no reinvertidas por parte de las 500 firmas de mayor tamaño, que tienen su correlato en materia de la salida de divisas al exterior. Considerando el período 2002-2011, las ganancias no reinvertidas (diferencia entre las utilidades netas y las inversiones netas) totalizaron casi 145 mil millones de dólares, mientras que la salida de capitales del conjunto de la economía (suma entre la formación de activos en el exterior y la remisión de utilidades y dividendos del capital extranjero) sumó cerca de 124 mil millones de dólares.

Un aspecto importante de la fuga de capitales es su componente político, ya que ésta se intensificó durante el conflicto agrario de 2008 y en el marco de las elecciones presidenciales de 2011. La diferencia más relevante en el marco de la posconvertibilidad no se vincula con la mayor fuga de divisas sino con el hecho de que la fuente de las ganancias fugadas se desvió del ámbito especulativo (deuda) y pasó al productivo (ganancias corrientes). Y es aquí donde la extranjerización de la estructura productiva (sumada a la crisis mundial y a la necesidad de remitir dólares a las casas matrices) posibilitó la implementación de una estrategia de los sectores dominantes, que se orientó, en lo general, a ajustar por precios en lugar de cantidades para responder al dinamismo del mercado interno. De allí la escasa vocación inversora que mostraron las grandes empresas en el marco de la posconvertibilidad basadas en su poder oligopólico que acentuó la concentración económica y centralización del capital.

Por lo tanto, ¿cómo caracterizar a este “deporte argentino” que consistió en la fuga de capitales? Como se explicó antes, una cuestión es haber tenido un Estado que promovía la fuga, ya sea endeudándose o aumentando la tasa de interés, y otra es haber tenido políticas de Estado que promovieron el crecimiento de la economía real, en un marco de tasas de interés reales negativas y desendeudamiento. Pero en un mundo de crisis internacionales y alta extranjerización de las unidades productivas, la fuga de capitales volvió a practicarse como deporte. Sin tener en cuenta que no sólo se perjudica la mayoría de la población, sino que los fugadores seriales se perdieron grandes oportunidades de incrementar sus ganancias, ya que está comprobado que, a lo largo de todo el período, las utilidades netas se incrementaron cada vez más.

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