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Medición de la pobreza en Argentina: ¿estratagema de ocultamiento o simple deterioro institucional?

1. Introducción

Con la presentación de los nuevos datos de la incidencia de la indigencia y pobreza en Argentina por parte del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) quedó en evidencia la decisión de no empalmar los índices de indigencia y pobreza con la información anterior y, al mismo tiempo, de omitir deliberadamente el cálculo de los niveles de indigencia y pobreza a fines de 2015; impidiendo determinar con precisión el impacto de las políticas económicas implementadas a partir del inicio de la gestión de Cambiemos en diciembre de 2015, y de este modo ocultando el “salto” en el nivel de pobreza en el primer semestre.

A la luz del análisis objeto de este informe, se desprende que el INDEC, en virtud de la metodológica elegida, posee todos los instrumentos para estimar la incidencia de la indigencia y pobreza desde el inicio de la gestión de Cambiemos. La estrategia de publicación adoptada y de ausencia de empalme con series pasadas, poco común en un organismo estatal que supone debe asegurar continuidades más allá de períodos de gestión, no puede ser otra que deliberada.

Es más, lo mismo ha ido ocurriendo, al correr de los meses, con otros indicadores, mediciones o instrumentos de mediciones tales las mediciones del IPC, la modificación de la serie del PBI, la modificación de la EPH que ha afectado los indicadores de desigualdad y los indicadores de desempleo. Por lo que es difícil creer que el cambio metodológico que acompaña las nuevas cifras de indigencia y pobreza no sean parte de una maniobra deliberada del organismo de cambiar el punto de partida de las mediciones socioeconómicas, poner un velo sobre la evolución de los indicadores  en el primer semestre de 2016, y desprestigiar todas las mediciones de la gestión anterior para evitar comparaciones.

Dentro de este contexto, las mediciones de indigencia y pobreza que realiza el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) desde 2010 aparecen como una coartada conveniente al estratagema del INDEC. Los valores de la UCA entre 2010 y 2015 sustituyen a los valores del INDEC anteriores, del inicio de la gestión de Cambiemos y del primer semestre de 2016. Poco importa que la calidad de las mediciones de la UCA sea cuestionable y que no se trate de cifras oficiales.

El presente trabajo tiene como objetivo central el análisis del procedimiento de medición de pobreza utilizado por el INDEC y como corolario, en virtud del contexto, de las metodología de medición del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).


2. Nueva metodología del INDEC 2016

En la presentación de las nuevas cifras de pobreza en septiembre 2016, el INDEC introdujo reformas a la metodología con la que esta institución calculaba la pobreza. Estos cambios han tenido un impacto significativo en las cifras de la incidencia de la indigencia y pobreza en la Argentina que este capítulo intenta explicar.

Cabe destacar que la medición de la pobreza por ingresos reposa sobre la comparación de canastas de consumo respecto de los ingresos de la población. Los ingresos son un indicador de la capacidad de los hogares de  satisfacer sus necesidades, pero no son la satisfacción misma de ellas, por tanto el método es considerado “indirecto”. 

2.1 – Cambio en los requerimientos calóricos de la CBA

La canasta básica alimentaria (CBA) es una canasta que se compone de variedades de alimentos que deben cumplir con proporcionar un número de calorías “normativas”.

Hasta 2016, los requerimientos calóricos de la canasta básica alimentaria del INDEC provenían de un estudio realizado por una nutricionista en 1988, Elena Morales, y habían sido la norma desde entonces (Morales, 1988). De aquel estudio se desprende una tabla de requerimientos calóricos por unidades consumidoras (varones y mujeres de distintas edades), el adulto equivalente es un varón de 30 a 59 años y su requerimiento calórico es 2700 calorías (véase anexo).

En los cambios metodológicos introducidos por el INDEC de Jorge Todesca, la tabla de requerimientos calóricos y unidades consumidoras ha sido modificada (véase anexo), las unidades consumidoras son más detalladas y los requerimientos más elevados; el adulto equivalente es un varón de 30 a 60 años con un requerimiento calórico de 2750 calorías.

Este cambio, si bien se basa en un trabajo de actualización de la CBA realizado en 2003 (INDEC, CEPAL, 2003) y presentado en un taller del MECOVI en 2003, resulta poco sustentado a la luz de las complicaciones de comparación que produce con mediciones anteriores. De hecho, el cambio se ha hecho un tanto a las espaldas de la comunidad profesional (universitarios, académicos, profesionales) y sin un debate que conlleve a evaluar sus ventajas y desventajas.

En definitiva el cambio calórico es un cambio de norma que impide la comparación con cifras anteriores y el INDEC no ha hecho nada para asegurar la continuidad histórica de la medición; una posición poco usual para una institución de estadísticas nacionales.

2.2- Cambio de la composición de la canasta básica alimentaria (CBA)

El INDEC cambia la composición de la CBA en su publicación de 2016 en relación a la canasta histórica (INDEC, 2016b). Los nuevos requerimientos calóricos podían ser acomodados con la misma composición de la canasta anterior, pero el INDEC introdujo mayor variedad a la CBA y la regionalizó: presentó CBA distintas para las cinco regiones estadísticas del INDEC, a saber: GBA, región patagónica, región pampeana, Cuyo, Noroeste y Noreste. Esto ha concitado bastante polémica, pero estrictamente no es contrario a la metodología y no impide comparabilidad, ya que la norma es calórica y no de alimentos específicos.

Por otra parte, cuando se compara la valoración de la canasta básica alimentaria del Instituto de Economía Popular (CEPA, 2016a), que proviene de la INDEC original, con la nueva canasta del INDEC, se detecta una diferencia de valor de canasta entre 2.3% y -0.5% para la canasta del Gran Buenos Aires en los meses que el INDEC ha publicado sus cifras (véase Cuadro 3). Esto implica que las 50 calorías adicionales por adulto equivalente y la nueva composición varietal de la canasta producen una diferencia leve con la anterior. En definitiva, no hay aumento del precio de la caloría.

Ahora, si bien el cambio de la composición de la CBA no resulta alejado de la metodología y en sí no debiera implicar problemas, que la nueva composición provenga de la Encuesta Nacional de Gastos de Hogares (ENGHo) de 1996/1997 es llamativo y problemático. El INDEC informa que la composición de la CBA:

“[ ]… consiste en la utilización de las últimas canastas elaboradas disponibles, con base en la ENGHo 1996/97, validadas con la ENGHo 2004/05. Dichas canastas surgen de considerar, por un lado, los cambios en los hábitos de consumo alimentario de la población del GBA (al reemplazar la ENGHo utilizada como base)”. (INDEC, 2016c, p8)

En efecto, los cambios de hábitos de consumo de la población deben ser regularmente considerados, por ello presentar como una innovación metodológica el uso de una encuesta vieja de 20 años para determinar los hábitos de consumo actuales es sorprendente. Es inverosímil que la composición de una canasta alimentaria de hoy tenga similitud con aquella de 1996/1997 aun cuando se trate de alimentos básicos, sobre todo tratándose de una década en la cual las importaciones de alimentos y la paridad cambiaria acostumbraron a los argentinos a consumir regularmente alimentos importados.

Asimismo, no queda explicitado en ningún lugar la afirmación: “….con base en la ENGHo 1996/97, validadas con la ENGHo 2004/05” (INDEC 2016c, p8). ¿Es la composición de la CBA exactamente igual en 2004/2005 que en 1996/1997? ¿Qué significa ser validada? Es difícil de creer que los consumos de la población hayan sido los mismos en estos dos períodos, pero en cualquier caso el INDEC debería demostrarlo en su informe metodológico, algo que omite.

2.3– La población de referencia

Por otra parte, se debe entender que la metodología de medición de pobreza mide el comportamiento de consumo de una población de referencia en cuanto a su capacidad para satisfacer sus necesidades básicas. No se trata de toda la población sino aquella que se encuentra al umbral de la pobreza. Esta población está definida por aquella que consume una cantidad de alimentos que se encuentra alrededor de la cantidad que define la línea de indigencia, a saber 2700 calorías por adulto equivalente según la norma vigente hasta 2016.

De tal forma que la población de referencia en la ENGHo 1986/1987 se encontraba el entre los percentiles de ingresos 21 a 40 de la distribución de ingresos per cápita del Gran Buenos Aires. En ENGHo 1996/97, la población de referencia es nacional urbana y se ubica entre los percentiles 23 y 42 de la distribución de los ingresos netos de alquiler. En la ENGHo 2004/05, la población de referencia también es nacional urbana y se ubica entre los percentiles 29 y 48 de la distribución de los ingresos netos de alquiler (INDEC, 2016c). En otras palabras, la población de referencia va cambiando en el tiempo.

Cambia tanto la población de referencia como sus consumos. El cuadro 1, muestra que entre las encuestas de 1985 y 2005 el consumo cambió y en particular el consumo el alimentos y bebidas cayó en términos relativos para la población de referencia. Y el gráfico 2 muestra que el consumo en alimentos y bebidas cayó en todos los quintiles de ingreso de la población total salvo en el quinto quintil.

Estas constataciones se presentan para ilustrar varias cuestiones metodológicas que no son obvias a primera vista. En primer lugar, la medición de la pobreza e indigencia se realiza en relación a la población de referencia, ésta se va modificando a medida que va cambiando la distribución del ingreso, y ello obliga a un cambio de base periódico. Lo que tiene como corolario que no se pueden hacer extrapolaciones de mediciones de pobreza más allá de cierto periodo temporal sin cambiar la población de referencia. De ahí que se realizan encuestas de gasto de hogares cada cierto tiempo.

En segundo lugar, como lo demuestra el propio documento del INDEC es evidente que la población de referencia de 2016 no puede ser la misma que aquella de 1996/1997 o 2004/2005, y menos los consumos de dicha población pueden ser los mismos.

Por lo tanto, extrapolar una población de referencia de 1996/1997 o 2004/2005 a 2016 constituye un problema significativo y una estrategia metodológica inusitada habida cuenta de la existencia de una encuesta de gasto de hogares realizada en 2012/2013 (1). Más grave aún, la población de referencia en 1996/1997 no es la misma que en 2004/2005, existe un velo sobre cómo el INDEC ha “validado” la composición de la CBA entre estas dos fechas y no se ha explicitado si la población de referencia utilizada para las estimaciones actuales es aquella de 1996/1997 o de 2004/2005.

2.4- Estimación de la Canasta Básica Total (CBT) y de la inversa del Coeficiente de Engel (ICE)

El coeficiente de Engel mide la proporción del gasto de consumo de alimentos en relación al gasto de consumo en otros bienes. En el caso de la metodología de medición de pobreza, este coeficiente se estima para la población de referencia y se utiliza su inversa para derivar el monto monetario de la CBT a partir del monto monetario de la CBA. Ello supone que las cantidades de consumos de las canastas se mantienen fijos y sólo varía la relación entre CBA y CBT con la variación de precios. Este es un supuesto fuerte ya que, como se ha visto, los consumos de la población varían por diversas razones: cambios en oferta, cambio de costumbres, cambios de precios relativos etc. No obstante en la metodología clásica la población de referencia, las canastas y el coeficiente de Engel se modifican por medio de encuestas de gastos de hogares periódicas, entre las encuestas se acepta la actualización de las canastas y coeficiente de Engel por medio de la actualización de precios y no cantidades.

Como se mencionó anteriormente, el INDEC usa la Encuesta de Gasto de Hogares (ENGHo) de 1996/1997 para establecer la CBA, tanto en composición como en cantidades,  pero usa la Encuesta de Gasto de Hogares (ENGHo) de 2004/2005 para el cálculo del coeficiente de Engel, y por consiguiente de la CBT. Ello es particularmente cuestionable por dos razones: (i) el coeficiente de Engel trata de establecer una relación monetaria entre el consumo de alimentos y el consumo de los demás bienes, a partir de cantidades consumidas que luego son valorizadas. Por ello se debe usar el mismo punto de partida. Sin duda hubo cambios en la composición de los consumos y precios relativos entre 1996 y 2005, como mínimo debido la devaluación de 2002; y (ii) los cambios en los hábitos de consumo deben ser, como ya se ha indicado, muy marcados entre 2005 y 2016, por lo tanto extrapolar el coeficiente de Engel desde 2004/2005 a 2016 es una operación que no puede trasladar los cambios en los hábitos de consumo que afectan la composición y cantidades consumidas.

Llamativamente en su informe metodológico el INDEC indica lo siguiente:

“Es un hecho conocido que los hábitos de consumo de la población argentina tienden a cambiar con el transcurso del tiempo. La población de referencia no queda exenta de este fenómeno y, por lo tanto, se requieren actualizaciones metodológicas cada cierto tiempo a fin de lograr una mejor adecuación entre la medición de la pobreza y los hábitos de consumo de la población. El procedimiento habitualmente seguido para la actualización mensual del CdE [Coeficiente de Engel] no logra reflejar estos cambios en los patrones de consumo, dado que lo que hace es mantener, a través del tiempo, la relación del consumo alimentario y no alimentario observada en el momento de la encuesta de gasto de los hogares. Es necesario, por lo tanto, un cambio de base del CdE, para poder reflejar dichas diferencias.”  (INDEC, 2016c, p11)

El párrafo arriba citado no ha impedido que el INDEC use el patrón de consumo de 1996/1997 para establecer la composición de los consumos básicos alimentarios, el patrón de consumo de 2004/2005 para establecer la relación entre los consumos básicos totales y alimentarios (coeficiente de Engel) y aplicarlo a la realidad de 2016. Esto constituye un profundo problema metodológico, en particular habida cuenta de la existencia de una encuesta nacional de gasto de hogares de 2012/2013.

Adicionalmente, el INDEC introduce como innovación metodológica la estimación de la inversa de Coeficiente de Engel y CBT regionales, bajo el supuesto de diferencias en el patrón de consumo entre regiones. Este aporte metodológico introduce mayor especificidad y precisión al cálculo, que hasta la fecha se basaba únicamente en el Gran Buenos Aires con fórmulas de poder de paridad de compras entre regiones para ajustar las canastas a las realidades regionales.

“A los cambios respecto de la encuesta de gasto utilizada para el cálculo de la inversa del coeficiente de Engel, se adiciona una modificación respecto de la especificidad de las pautas de consumo regionales. Anteriormente, la CBA y la CBT se basaban exclusivamente en los hábitos de consumo del Gran Buenos Aires. Al igual que con la CBA, esta actualización incorpora un avance al considerar las diferencias observadas en las pautas de consumo regionales en el componente no alimentario, elaborando un coeficiente (ICE) específico para cada región. En el cuadro 2 se presentan los principales resultados” (INDEC, 2016c)

Como se advierte en el Cuadro 2 y el Gráfico 2, el ICE y la proporción del gasto en consumo de Alimentos y Bebidas muestra una clara diferencia regional y un cambio a lo largo del tiempo. Estas diferencias, que no son objeto del presente informe, simplemente demuestran que no se puede fijar la población de referencia y el ICE por períodos largos, mucho menos basar estimaciones de pobreza en base a poblaciones de referencia e ICE’s viejos de más de 12 años.

2.5- Actualización de las canastas y el Coeficiente de Engel

Una vez obtenida la CBA, el coeficiente de Engel, y la CBT correspondiente en el año de referencia, estos se deben actualizar para obtener los valores en un punto inicial de 2016 y luego son actualizados mensualmente para publicaciones de los indicadores.

Puesto que la CBA es un conjunto de bienes cuya cantidad se fija (50 alimentos) estos pueden ser valorizados en cualquier horizonte temporal si los precios han sido medidos. También se puede actualizar el monto de la CBA desde el año de referencia por medio de índices de precios. En esta opción, tiene dos variantes: (i) se pueden usar los precios de los alimentos de la CBA, o (ii) el rubro Alimentos y Bebidas del IPC general. Por otra parte, hay dos periodos de actualización de la CBA: el primero, desde el año de referencia en 1996/1997 o 2004/2005 (el INDEC no especifica el año) hasta el mes y año de estimación (en este caso abril 2016) y, el segundo período, se corresponde con las actualizaciones mensuales a partir del punto de partida de la estimación y publicación de los datos (en este caso abril 2016).  

“Para la valorización mensual de la CBA, a partir de 2016 se valorizan sus componentes mediante la utilización de los precios medios relevados por el Índice de Precios al Consumidor (IPC). El procedimiento utilizado anteriormente consistía en actualizar el valor de la canasta aplicando la variación promedio de los precios para los ítems correspondientes. Dada la forma en que se construyen los promedios de precios y de relativos de precios en el IPC, los resultados arrojados por ambos métodos difieren, aunque como se verá más adelante, la discrepancia es leve.” (INDEC, 2016c, p9)

El párrafo citado informa sobre la actualización de la CBA posterior al mes y año de punto de partida de la estimación e indica haber optado por una actualización por IPC en lugar de una actualización por componente de la CBA. Esta opción de modificación metodológica puede considerarse un retroceso en relación al estado del arte en la materia, según el Manual de Naciones Unidas para las Estadísticas sobre la Pobreza, que da cuenta de una “reducción de confiabilidad” en caso de actualización por IPC:

“El uso de índices de precios generales [para actualizar canastas de consumo] reduce considerablemente el costo para los estadísticos, pero reduce la confiabilidad de las mediciones” (traducción propia) (United Nations, 2005, p42).

En otras palabras, mientras que antes la CBA se actualizaba mensualmente en base a la variación de precios de los bienes que contiene, y por lo tanto aplicaban los ponderadores de la misma, hoy el INDEC optó por actualizarla en base al rubro “Alimentos y Bebidas” del IPC general. El problema con esto es doble: (i) el IPC contiene muchos productos más que pueden variar de otra manera que los básicos; y (ii) los ponderadores de consumo corresponde a aquellos de toda la población y no de la población de referencia. El efecto de esta opción metodológica es de subestimar el salto de precios de la CBA entre noviembre 2015 y la actualidad ya que fueron sobre todo los alimentos básicos los que aumentaron en el período.

En segundo lugar, el INDEC no indica, en su documento metodológico (INDEC, 2016c) qué IPC está utilizando mensualmente para actualizar las CBA regionales y esto es de importancia ya que el INDEC de Todesca desechó la metodología del IPC-nu implementada por la anterior administración que justamente medía el IPC por región. Actualmente el INDEC mide el IPC sólo en el Gran Buenos Aires. En la publicación sobre los datos de pobreza y de canastas del Gran Buenos Aires (INDEC, 2016b) sí indica haber utilizado el IPC del Gran Buenos Aires.

En tercer lugar, pero no de menor importancia, el INDEC no indica cómo actualiza la CBA, coeficiente de Engel y CBT del año de referencia, o sea 1996/1997 o 2004/2005, al año de estimación, 2016. Ya se estableció que para llevar la CBA al año de estimación ésta se puede valorizar en el año de estimación puesto que se trata de un conjunto de productos y sus cantidades. Sin embargo, para el coeficiente de Engel se trata de una relación de precios entre la CBA y CBT en el año de referencia, por lo tanto la única manera de “llevar” la relación de la CBA y CBT del año de referencia al año de estimación es por medio de la actualización de precios. La CBT es una consecuencia de la valorización de la CBA y de la aplicación de la inversa de coeficiente de Engel actualizado. Sin embargo, el INDEC se mantiene silencioso sobre este procedimiento, y con razón puesto que esta administración ha declarado que todo lo realizado en el INDEC en materia de precios después de 2006 es sospechoso. La pregunta entonces es:¿qué IPC se utilizaron para llevar la CBT y coeficiente de Engel desde 1996/1997 o 2005/2006 hasta 2016, para cada una de las regiones de cálculo?

2.6- Ingresos

Para obtener la distribución del ingreso de la población, el INDEC utiliza la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que se realiza en todas las aglomeraciones urbanas de más de 100.000 habitantes. La EPH cubre un universo de aproximadamente 26 millones de personas. De la EPH surge numerosa información muy relevante en relación al nivel de vida, la evolución del mercado laboral y los ingresos de la población, entre otros. Varios indicadores se calculan utilizando los resultados de la encuesta: la tasa de desempleo, la tasa de ocupación y la distribución del ingreso y, de ahí, se calcula la proporción de personas cuyos ingresos no alcanzan para adquirir la CBA y la CBT.

Con el ascenso del Gobierno de Cambiemos y las nuevas autoridades del INDEC en diciembre de 2015, se decretó la Emergencia Estadística y el organismo dejo de publicar todos los indicadores por más de seis meses. La “normalización” implicó que desde junio de 2016 se comenzara a publicar información, aunque con importantes diferencias en la metodología. Estos cambios y las dudas sobre la veracidad de los datos, dificulta la comparación de los indicadores previos a la emergencia estadística.

Es importante aclarar que la EPH no estuvo bajo sospecha hasta el momento de la promulgación de la Emergencia Estadística. La elaboración del producto estadístico dependía de una coordinación distinta respecto del IPC. Asimismo, los datos que surgían de la EPH, a diferencia del IPC, eran consistentes tanto respecto de los diversos estadísticos, como del cruce con información externa.

Sin embargo, el 24 de enero de 2017 el INDEC publicó una recomendación para la lectura de los cuadros estadísticos trimestrales sobre distribución del ingreso que indica que las series estadísticas divulgadas con posterioridad al primer trimestre de 2007 y hasta el cuarto trimestre de 2015 deben ser consideradas con reservas, debido a que la publicación no tuvo en cuenta la estacionalidad a las que están sujetas las estadísticas distributivas.

Un estudio de CEPA, Tiempo del Antifaz (2017), en el que se analizan los cambios realizados por la nueva administración del INDEC a la EPH, indica que el cambio en las proyecciones poblacionales en la nueva metodología tienden a sobreestimar los ingresos medios y los ingresos de los deciles de menores ingresos. Lo que tendría el efecto de subestimar la incidencia de la indigencia y pobreza (y lo mismo para la brecha de desigualdad entre ricos y pobres).

Esta conclusión se ve corroborada con la comparación realizada entre los números del INDEC y aquellos estimados por CEPA-INDEP para la medición de la incidencia de la indigencia y pobreza. El Cuadro 3muestra que la diferencia entre el valor de la CBA de CEPA-INDEP y del INDEC de Jorge Todesca arroja poca diferencia y en general la CBA del INDEC es más cara. Cuando comparamos la incidencia de la indigencia, sin embargo, la indigencia estimada por INDEC es inferior a la estimada por CEPA-Indep indicando que el INDEC está utilizando ingresos sensiblemente superiores a los de CEPA-Indep, ya que las canastas de INDEC son más caras que las de CEPA-Indep.

Esta segunda comprobación indicaría que los cambios a las proyecciones poblacionales de la EPH están arrojando niveles de ingresos superiores a aquellos que venia reportando la EPH previamente.

2.7- Encuesta Nacional de Gasto de Hogares 2012/2013

La herramienta fundamental para el análisis de la incidencia de la indigencia y la pobreza en la metodología de medición de la pobreza por ingresos es la encuesta nacional de gasto de hogares (ENGHo). A partir de ella se deducen los patrones de consumo, las cantidades y montos que consumen la población.

La elaboración, desarrollo y análisis de resultados es un trabajo largo y oneroso. En promedio son encuestas que requieren dos años de trabajo y cientos de miles de dólares de inversión. Históricamente la ENGHo se ha realizado cada 8 años aproximadamente 1985/1986, 1996/1997, 2004/2005, 2012/2013 por nombrar las últimas cuatro. Por ello, llama poderosamente la atención que el INDEC de Jorge Todesca haya descartado, sin más, el uso de la última ENGHo.

“A partir de 2016, se decidió actualizar la base utilizada para el CdE tomando los resultados de la ENGHo de 2004/05. No se consideraron los resultados de la ENGHo de 2012/13 debido a que la misma contiene serias deficiencias, entre ellas, una alta tasa de no respuesta y la falta de documentación adecuada que permita evaluar, entre otros aspectos, los procedimientos de imputación de los gastos de los hogares. La tasa de no respuesta de la ENGHo 2012/13 es demasiado alta en comparación con la encuesta de 2004/05. Menos de 27% de los hogares de la muestra en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires informó datos (en comparación con el 53% en 2004/05), mientras que informaron datos aproximadamente 40% de los hogares de la muestra en el Gran Buenos Aires (comparado con el 69% de 2004/05). La calidad de los datos de la ENGHo 2012/13 no pudo ser evaluada dado que no existen registros pormenorizados de los métodos utilizados para recoger y compilar la información.” (INDEC, 2016c)

El rechazo al uso de la ENGHo 2012/2013 en base a la tasa de no respuesta y a la ausencia de documentación, no se condice con el accionar de un instituto de estadística nacional. Se supone, que más allá de las diferencias en gestión que ocurren, debe haber continuidad institucional, por lo que “ausencia de documentación” parece inverosímil como argumento.

Descartar un trabajo de la magnitud de una encuesta de gastos de hogares tan ligeramente, sin análisis detallado de las falencias, sin estadísticas de errores, coeficientes de variación de las variables, sin un informe específico, resulta poco serio. Si los errores convierten a la encuesta en inutilizable, ello se debe probar y los funcionarios que la realizaron asumir sus responsabilidades.

La tasa de no respuesta no es un argumento de descarte de una encuesta, puesto que justamente datos como ingresos suelen tener una tasa de no respuesta elevada y la práctica común es la imputación de valores para completar los datos faltantes en base a modelos calibrados con los datos que no faltan. Argumentar que los modelos de imputación utilizados no tenían la documentación completa reviste de un nivel de amateurismo alarmante. Por último, si no existía la documentación bastaba con rehacer las imputaciones necesarias para las variables faltantes.

2.8 - Conclusiones

Lo que ha hecho la gestión de Jorge Todesca se encuentra muy lejos de las buenas prácticas en materia de manejo estadístico para una institución de la importancia del INDEC. Los desmanejos se pueden resumir de la manera siguiente:

  • Si bien era razonable actualizar la base de la estimación de la pobreza, vale decir revisar la composición de la CBA, modificar la población de referencia y reestimar el coeficiente de Engel y la CBT para dicha población, lo correcto era hacerlo en base a la encuesta más reciente posible. Es aceptable actualizar las canastas de consumo durante un período por medio de índices de precio o variación de precios, pero es un procedimiento que debe ser limitado en el tiempo, porque los hábitos de consumo cambian y ello implica cambios en contenido y cantidades de consumo. Por ello, se realizan encuestas nacionales de gastos periódicas, y la actualización de canastas por precio se limita a los períodos entre encuestas, particularmente si ha habido cambios bruscos en los precios relativos que pueden incitar a cambios en los consumos.  Basar mediciones de pobreza de 2016 en hábitos de consumo de 1996/1997 y 2004/2005 es inusitado.
  • Lo arriba mencionado reviste aun mayor gravedad habida cuenta de la existencia de la ENGHo 2012/2013. Descartar esta encuesta sin un informe estadístico que compruebe su inutilidad, sin una discusión con académicos que valide ese diagnóstico, es un procedimiento grave. La tasa de no respuesta no puede ser un argumento válido para descartar semejante trabajo en una era en la cual la imputación de variables de ingreso es moneda corriente.
  • Desarrollar la composición de la CBA en base a la ENGHo 1996/1997 y el coeficiente de Engel y, consiguiente, CBT en base a la ENGHo 2004/2005 es sorprendente, ya que la metodología consiste en determinar las capacidades de consumo de una población de referencia en un momento temporal dado.La población de referencia y sus consumos cambian en el tiempo. Utilizar dos momentos temporales para determinar consumos parciales es llamativo.
  • Un cambio en la norma energética que define la CBA es concebible y aceptable, siempre y cuando dicho cambio tenga un sustento y la institución asegure el empalme y comparabilidad con las mediciones anteriores. Lejos de hacerlo el INDEC pareciera querer impedir toda comparabilidad con la serie precedente al punto de no publicar su serie de incidencia de la indigencia y pobreza desde noviembre 2015, cuando la metodología se lo permite.
  • El INDEC no da información sobre cómo las canastas y el coeficiente de Engel estimados en 1996/1997 y 2004/2005, son llevados a 2016. Ello es particularmente intrigante puesto que la gestión de Jorge Todesca ha descartado las mediciones de precio entre 2007 y 2015 de la institución. ¿Cómo y con qué serie de precios se han llevado las variables estimadas al año 2016? La única manera institucional de hacerlo es usando el IPC del INDEC que ha sido cuestionado. Estaría fuera de todo procedimiento institucional usar otro índice de precio.
  • Las nuevas canastas son regionales y de ahí surge otra interrogante. El INDEC no mide precios y no dispone de un IPC por región, ¿cómo, entonces se ha procedido para estimar las canastas entre abril y agosto de 2016, fuera de la canasta del Gran Buenos Aires?Si utilizaron índices provinciales se debe explicitar cuales ya que los índices provinciales tienen distintas metodologías y miden una cantidad de productos completamente distintos. Su comparabilidad es cuestionable.
  • La administración de Jorge Todesca ha optado por utilizar el índice de precio general para actualizar la CBT y el rubro alimentos y bebidas para la CBA cada mes, mientras que la metodología anterior utilizaba los precios promedios de los componentes de la CBA. Esto es un retroceso metodológico desaconsejado por Naciones Unidas entre otros especialistas, porque se basa en una cantidad de productos mayor que el contenido en la CBA y porque introduce el patrón de consumo de toda la población (ponderadores del IPC) mientras que la pobreza se mide para un subconjunto de la población.
  • El análisis de la EPH luego de un cambio en las proyecciones poblacionales operadas por la nueva administración del INDEC, indicaría que el cambio de proyección resulta en una distribución de ingresos que arroja mayores ingresos medios y bajos, que, por consiguiente subestimarían la incidencia de la indigencia y la pobreza.Esto es corroborado en la comparación de la incidencia de la indigencia calculada por CEPA-IndeP en comparación al INDEC, que a pesar de utilizar una CBA más cara los resultados de indigencia son inferiores a los estimados por CEPA-IndeP, con una canasta más económica.

3. Universidad Católica Argentina

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) realiza una encuesta de condiciones de vida que denomina “Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA)”, de similares características a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC aunque con más detalles sobre cuestiones de condición de vida de los hogares. La encuesta EDSA es realizada en aglomerados urbanos con una muestra de 5.683 hogares (2). Vale recordar que la muestra de la EPH del INDEC es de aproximadamente 20.000 hogares y es representativa de todo el país.

A partir de la EDSA la UCA ha procedido a calcular periódicamente la incidencia de la indigencia y la pobreza en el país, además de haber publicado recientemente el documento “Pobreza y desigualdad por ingresos en la Argentina Urbana 2010-2015. Tiempos de Balance” con el análisis del quinquenio 2010-2015 (UCA, 2016).

3.1 – Canastas

De la metodología de la UCA sobresale el hecho de que nunca midió ni mide los precios.

Sus canastas, denominadas en el texto “canastas no oficiales”, provienen de distintas fuentes, pero no son propias. El mismo informe mencionado no explicita la metodología del uso de las “canastas”, es decir si las promedian o agregan, o cómo éstas son actualizadas, aunque se mencione el uso de los IPC-CABA, y San Luis. En el apartado sobre la actualización de las “canastas” en sus proyecciones a marzo y abril se menciona el uso de las canastas de FIEL y del ISEPCI (3) (UCA, 2016, p24) y de ahí surgen dos inconvenientes.

En primer lugar, la canasta del ISEPCI es del Conurbano y la de FIEL de CABA, mientras que el dominio estadístico de la EDSA es nacional. Es a partir de la EDSA que la UCA obtiene los ingresos de la población para comparar con las canastas de precios, con lo cual se estarían comparando ingresos nacionales con canastas del Área Metropolitana de Buenos Aires. Sin embargo, la UCA presenta una “canasta” y no varias canastas regionales, por lo que surge el interrogante de cómo utiliza las canastas.

La ausencia de información metodológica en los informes de la UCA impide resolver esta interrogante, y puesto que los organismos que producen las canastas no publican los precios de los alimentos, surge la duda de cómo procesan las canastas. Cabe resaltar que es improcedente metodológicamente promediar las canastas o sumarlas, ya que se podría tratar de productos distintos.

En segundo lugar, va de suyo que la actualización de la CBA de la UCA depende de terceros y no de la UCA, por lo tanto es imposible saber si son canastas que se actualizan por IPC o por el promedio de precios de sus componentes. De hecho, puede ser que cada canasta se actualice de manera distinta, agregando a las inconsistencias metodológicas ya mencionadas.

3.2 – Valor de la inversa del Coeficiente de Engel

En cuanto a la CBT, es decir a la construcción de la línea de pobreza, la metodología de  la UCA es aun más cuestionable. En la página 24 sobre las proyecciones a marzo y abril ya mencionadas se habla indistintamente de la CBA y CBT, en cuanto a canastas proyectadas. Sin embargo en el pie de página de la página 14, se indica lo siguiente (UCA, 2016 p.14):

En otras palabras, la UCA adoptó las canastas de terceros como FIEL e ISEPCI pero sólo las CBA y aplicó su propia inversa de coeficiente de Engel, a saber de 2,08.  Esta metodología es muy sorprendente, ya que la UCA podría haber adoptado la CBT de FIEL, centro de investigaciones que mide y calcula un coeficiente de Engel mensual (FIEL, 2016). Esto es más llamativo aún cuando la inversa del coeficiente Engel de FIEL para los meses en cuestión ronda los 2,30 y está muy lejos del 2,08 adoptado por la UCA.  Esta diferencia significa un sensible impacto en la cifra de la pobreza.

Asimismo, el mantener una inversa de coeficiente de Engel fijo para todo el período analizado 2010 a 2016 es contrario a las buenas prácticas en materia de medición de pobreza porque elimina la posibilidad de tomar en cuenta la variación de precios relativos entre la canasta de alimentos y la canasta total. Imposible entonces para la UCA evaluar los efectos de los tarifazos de los servicios en la incidencia de la pobreza, por ejemplo.

3.3- Ingresos

La UCA calcula los ingresos que utiliza para contrastar con las canastas de su propia encuesta, la EDSA. Dicha encuesta tiene una representatividad nacional.

La UCA presenta los datos de indigencia y de pobreza utilizando sus canastas no oficiales (con la inversa del coeficiente de Engel de 2,08) y usando su encuesta y la EAHU del INDEC en un ejercicio de comparación de resultados (UCA, 2016 pp15-16). Los resultados indican que no hay diferencia significativa en el resultado de la indigencia pero si lo hay en el de la pobreza entre ambas encuestas.

La comparación de los resultados de la indigencia y pobreza calculados por la UCA con las mismas canastas e inversa de coeficiente de Engel, y sólo variando los ingresos a partir de las  distintas encuestas, indica que hay una gran diferencia en los ingresos de la población cercana a la línea de la pobreza entre ambas encuestas.  Dado que la EAHU es representativa de aglomerados de más de 2000 habitantes y tiene una muestra de 46 mil hogares, mientras que la EDSA de la UCA es representativa de aglomerados de más de 80.000 habitantes con una muestra de 5.683 hogares, es altamente probable que la EDSA y no la EAHU tenga problemas de sesgo hacia ese sector poblacional.

3.4 - Conclusiones

El trabajo de la UCA adolece de deficiencias metodológicas llamativas que la descartarían como metodología de medición de la pobreza por ingresos en cualquier lado del mundo y se resumen a continuación:

  • La CBA que utiliza la UCA no la genera ella misma, sino que proviene de varios organismos distintos. La UCA no indica: cómo procesa las canastas, si se ponderan las mismas, cómo procede a obtener una sola canasta y cómo maneja canastas de distinta cobertura geográfica. En definitiva, la UCA no tiene injerencia en la generación de la CBA y no informa como la procesa. Las consecuencias de esta falencia metodológica pueden ser múltiples y profundas, ya sea desde canastas que no reflejan los precios correctos hasta canastas que no contienen las mismas variedades.
  • El dominio estadístico de las canastas no coincide con el de los ingresos.La EDSA por medio de la cual se obtienen los ingresos es representativa a nivel nacional, pero las CBA que UCA está utilizando provienen de CABA y  del Gran Buenos Aires. Esta inconsistencia tendería a sobreestimar la pobreza al comparar ingresos nacionales con precios metropolitanos que suelen ser en promedio más altos que los del resto del país.
  • Cuando se compara la incidencia de la indigencia y de la pobreza entre ambas encuestas la EDSA y EAHU, éstas coinciden en la estimación de la indigencia, pero en cuanto a la pobreza, la EDSA se muestra alrededor de 6 puntos por encima de la estimada por la EAHU. Ello demuestra que la EDSA sobre estima la cantidad de personas con ingresos por debajo de la línea de pobreza, pero coincide con la EAHU en la cantidad de personas que se encuentran por debajo de la línea de indigencia.
  • Un ejemplo de ello resulta que según la UCA habría 3,6 puntos porcentuales de nuevos pobres y 0.9 puntos porcentuales de nuevos indigentes entre abril 2016 y el promedio de todo el año 2015, en ambos casos utilizando su encuesta, la EDSA. Esta estimación tuvo, de hecho, mucha difusión mediática. Sin embargo, no resulta satisfactoria por varias razones. Primero, porque compara un promedio anual con uno mensual. Además, en el promedio del año 2015 está contenido el mes de diciembre, en el que hubo un salto importante en los precios. Por lo tanto, el promedio anual de pobreza 2015 sobreestima la pobreza del fin del gobierno kirchnerista.
  • Por último, y tal vez lo más sorprendente, la UCA ha utilizado una inversa de coeficiente de Engel fijo todos los años de 2,08, lo que es contrario a la metodología estándar e impide dar cuenta del efecto de las variaciones de precios de la canasta no alimentaria. Más aún, el centro de investigaciones FIEL, del cual se nutre la UCA para sus canastas, estima inversas del coeficiente de Engel que rondan los 2,30 para el periodo en cuestión. Por lo tanto, el coeficiente de UCA es bajo comparado al estimado por otros organismos para el mismo período. El uso de una inversa del Coeficiente de Engel fijo por parte de la UCA produce una subestimación de la pobreza en situaciones donde opera un aumento en las tarifas, ya que estos consumos forman parte de la CBT y por ende de la línea de pobreza, y son relativamente inelásticos. El aumento tarifario del inicio de 2016 no es internalizado correctamente en el cálculo de pobreza de la UCA. La consecuencia es que esta medición subestima la pobreza en marzo y abril de 2016. El ejemplo más claro de esto se observa en la medición de pobreza de la UCA entre marzo y abril de 2016, donde la pobreza desciende de 34,5% a 32,6%, en un período donde si bien aumentan los ingresos de la población, se produce un sensible impacto en lo referido a tarifas (incluso el IPC de la CABA estimó en 7% la variación de precios de dicho mes). Asimismo, si con los datos de CEPA sobre la evolución de CBA se mantuviera fijo la inversa de Engel en 2,08, el aumento de la pobreza entre noviembre y junio hubiera sido de 10,64 puntos porcentuales, es decir, 1,6 puntos porcentuales por debajo del valor estimado con un aumento de Engel de casi 5% (que arroja un incremento de la pobreza de 12,24 puntos porcentuales en igual periodo).
  • Resulta particularmente llamativo el aumento de la pobreza publicado por la UCA para 2015, dado que en dicho año se produce un incremento de los salarios registrados reales, de las jubilaciones, del salario familiar y la AUH, en el marco de un significativo crecimiento económico. En ese contexto, la UCA estima una caída de los “ingresos laborales mensuales” superior al 6%. En 2015 además, hay un sensible crecimiento del empleo, lo cual debería devenir en una reducción de la pobreza, ya que tal como suele mencionar el titular de la UCA, esta seguiría la tendencia del empleo.
  • En definitiva las inconsistencias e interrogantes de la metodología de la UCA son tan profundas que es difícil considerarla una medición confiable.

En síntesis, el salto de la pobreza ocasionado por el gobierno de Cambiemos resulta subestimado por la medición de la UCA, tanto por la utilización de Engel fijo como por lo mencionado previamente: subestimación de ingresos y ausencia de medición de CBA (con proyecciones poco confiables y no explicitadas).


4. Conclusiones generales

  • En primer lugar, se ha revisado críticamente la metodología del INDEC, señalando como punto central el deliberado cambio metodológico realizado por el organismo, con la finalidad de impedir  el empalme hacia atrás en las series de pobreza e indigencia y soslayar el salto de pobreza con Cambiemos, gobierno asumido el 10 de diciembre de 2015. Asimismo, esta decisión intenta deslegitimar la reducción de la pobreza durante la gestión del gobierno anterior, en el marco de la actual instalación de un discurso de austeridad fiscal, dirigido al recorte de importantes partidas del gasto social.
  • Como siguiente paso, se ha instalado que el empalme natural a los datos de pobreza publicados por el INDEC es la serie provista por la UCA para el periodo 2010 – 2016.Esta estimación de pobreza carece de consistencia metodológica y los elementos que la componen (ingresos, valor de canastas y coeficiente de Engel fijo, entre los principales) demuestran que el empalme tiene una explicación política antes que técnica. En efecto, una eventual desautorización de parte del órgano oficial de estadísticas -INDEC- a los datos elaborados por la UCA, también conllevaría una deslegitimación del conjunto del discurso construido por la UCA para el periodo anterior, que señaló niveles de pobreza cercanos al 30% (y un piso elevado de pobres favorable a Cambiemos) y contribuyó a erosionar la política pública y orientación del gasto social del kirchnerismo.  
  • La metodología, dominio de estimación, y distintos inconvenientes metodológicos de la UCA mencionados anteriormente, impiden que dichas estimaciones sean confiables. Al contrario, los datos de la UCA parecen basarse una fuerte subestimación de los ingresos de la población viviendo con ingresos alrededor de la línea de pobreza y una canasta básica total muy subestimada basada en una inversa del coeficiente de Engel de 2,08 muy por debajo de cualquier coeficiente utilizado por otros organismos. Por lo demás, UCA usa un coeficiente fijo que le impide tomar en cuenta los efectos de los aumentos de precios fuera de los alimentos.
  • Esta estrategia se adecúa a los intereses del presidente Mauricio Macri, quien indicó al momento de anunciar la nueva medición de pobreza que “este es el punto de partida desde el cual acepto ser evaluado". La decisión de pretender juzgar el gobierno de Cambiemos a partir de ese momento implica ocultar el impacto de las propias medidas económicas impulsadas por el macrismo desde su asunción.
  • En efecto, la medición de pobreza por ingresos resulta muy sensible a las variaciones tanto del ingreso como de los precios de la canasta alimentaria. En este sentido, la decisión de devaluar la moneda a mediados de diciembre conjuntamente con la quita de retenciones y sumado a ello, el tarifazo posterior han golpeado severamente el ingreso de bolsillo de las mayorías argentinas.  Resulta oportuno mencionar que el método de estimación de pobreza por ingresos es "indirecto", en tanto considera pobres/indigentes a aquellos que no cuentan con recursos monetarios suficientes para satisfacer sus necesidades básicas, tomando para el análisis sólo una dimensión. En efecto, existen métodos "directos" que consisten en verificar si los hogares han efectivamente satisfecho una serie de necesidades previamente establecidas (no sólo de ingreso monetario), es el caso de medición de NBI (Necesidades Basicas Insatisfechas) o la Medición de Pobreza Multidimensional (IPM).
  • De la misma manera que el gobierno realizó con la tasa de desocupación, la publicación del INDEC omite deliberadamente la evolución de la pobreza desde el inicio del gobierno de Cambiemos.  En efecto, la evolución de los precios de los alimentos en los meses de diciembre y enero (por las medidas económicas del gobierno nacional) se tradujeron en un consecuente y previsible aumento de la indigencia y la pobreza medidas por ingresos.
  • Finalmente mencionar que ante el vacío  creado por la ausencia de publicación de un empalme oficial por parte del INDEC, hubo intentos, de parte de diversos centros de estudios, de reconstruir la serie de pobreza entre 2003 y 2016, tomando como punto de partida el II trimestre de 2016. Esto se basa en un error metodológico importante que constituye en mantener canastas fijas en variedades y cantidades y proyectarlas por medio de índices de precios. Está demostrado que ante fuertes cambios de precios relativos los consumidores varían su estructura de consumo y por ende el valor de la CBA y CBT no sigue estrictamente la evolución del IPC. Este ejercicio ha arrojado una sobrestimación de la pobreza reconstruida “hacia atrás”, con valores ubicados entre el 25 y 30% para 2015.

Anexo


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Notas al pie

(1) El INDEC realizó la última encuesta nacional de gastos de hogares entre 2012/2013.

(2) Aglomerados urbanos con 80.000 habitantes o más agrupados en 3 grandes conglomerados (Gran Buenos Aires, Otras áreas metropolitanas y Resto urbano del interior). GBA: Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Conurbano Zona Norte, Conurbano Zona Oeste y Conurbano Zona Sur. Otras áreas metropolitanas: Gran Rosario, Gran Córdoba, San Miguel de Tucumán y Tafí Viejo, y Gran Mendoza. Resto urbano del interior: Mar del Plata, Gran Salta, Gran Paraná, Gran Resistencia, Gran San Juan, Neuquén-Plottier-Cipolletti, Zárate, La Rioja, Goya, San Rafael, Comodoro Rivadavia y Ushuaia-Río Grande.

(3) Consultar: http://www.isepci.org.ar; http://www.fiel.org


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