La desigualdad en la distribución del ingreso profundiza la grieta

confli

La brecha de ingresos entre el 10 por ciento que más gana (decil 1) y el 10 por ciento que menos gana (decil 10), que se había reducido sensiblemente entre 2003 y 2015, sufrió una brusca reversión de la tendencia en la primera mitad de este año, que le hizo perder casi la tercera parte de lo que se había avanzado en materia de igualdad de ingresos en doce años. Expresado en números: si a mediados de 2003 un individuo del 10 por ciento que más ganaba, tenía ingresos equivalentes a 33 veces lo que recibía en promedio un integrante del decil más bajo de la escala, para 2015 esa desproporción se había reducido casi a la mitad: el perteneciente al decil 1 ganaba el año pasado 18,7 veces lo que ingresaba en el bolsillo de un individuo del decil más vulnerable. Pero en diciembre, se produjo el cambio. Las cifras que publica el Indec dan cuenta de que, para el segundo trimestre del año actual, la brecha de la desigualdad había vuelto a crecer: la relación trepó a 23,2 veces.

Un documento elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y el Instituto de Economía Popular (Indep), titulado “Desigualdad, un cambio con ganadores y perdedores”, analiza este fenómeno y el reflejo de las políticas públicas del gobierno de Cambiemos en la distribución del ingreso. La elevada concentración del ingreso, sobre todo en sectores rentistas ligados al capital financiero, contrasta con “un sensible aumento de los despidos y suspensiones en todas las actividades, particularmente en el sector industrial”. Esto achica las posibilidades de inclusión o de obtención de “trabajo decente” por parte de los que se encuentran en el último escalón de ingresos. Además, se advierte en los últimos meses un deterioro en la evolución de las pensiones y la asignación universal por hijo (AUH), transferencias que constituyen la principal fuente de ingresos para los sectores económicamente más postergados de la sociedad.

Todo ello se conjuga con “el aumento de la indigencia y la pobreza” que, según “revelan mediciones de varios centros de estudios, alcanza los doce puntos porcentuales adicionales sobre el nivel que tenían al inicio del gobierno actual”, de acuerdo a lo que refiere el documento mencionado. De tal forma, el aumento de la desigualdad entre los individuos que más ganan y los que menos ganan tendría una tendencia firme a seguir creciendo mientras se mantengan las actuales políticas.

La evolución de la brecha entre los ingresos más altos y los más bajos a partir de 2003 no fue siempre pareja, en el sentido de una reducción constante de la desigualdad. En el medio, se observa un aumento de la desigualdad entre 2009 y 2010 por el impacto de la crisis financiera mundial, que evidentemente pegó más fuerte sobre los ingresos más bajos (efecto “derrame”, pero en sentido inverso al que suelen darle los economistas neoliberales; cuando hay crisis, los platos rotos los pagan “los de abajo”). Así, si la brecha había arrancado en una relación 33 a 1 en 2003 (entre el ingreso de un integrante del decil 1 y otro que perteneciera al decil 10), y había bajado a 23,4 en 2008, en los dos años siguientes se verificó un retroceso en la distribución que hizo subir la brecha a 27,6 en 2010 (siempre tomando como referencia la relación de ingresos entre el decil 1 y el decil 10 para el segundo trimestre de cada año). A partir de 2011 se recupera la tendencia a la reducción de la desigualdad, para llegar a una relación 18,7 en 2015.

Desde ese último punto, la tendencia se revirtió otra vez, como queda dicho, en contra de los sectores más pobres. Pero no por factores externos, sino por la política redistributiva que implementó el gobierno de Cambiemos. Así, de aquel indicador 18,7 se pasó este año al 23,2 del segundo trimestre de este año. Es decir, una suba de 4,5 veces. Repasando los datos anteriores, se observa que por efecto de la crisis financiera mundial, la brecha empeoró 4,2 veces en dos años (de 23,4 en 2008 a 27,6 en 2010). Ahora, en un sólo año y por políticas propias, el gobierno provocó un deterioro mayor que la crisis internacional de la distribución: aumentó la brecha en 4,5 veces.

La movilización de las dos CTA y las organizaciones sociales del último viernes, rechazando los despidos, suspensiones y el bono de fin de año pactado por la CGT con el gobierno y el Grupo de los 6, es una reacción ante esa injusticia. Al hablar en el momento culminante del acto, el dirigente Hugo Yasky calificó a las autoridades como “el gobierno del revanchismo de clase”, por sus políticas en contra de asalariados, desocupados y precarizados, y a favor de los grupos concentrados. Las estadísticas de distribución del ingreso, surgidas de los propios datos oficiales (la Encuesta Permanente de Hogares del Indec), reflejan esa misma situación: una brecha entre los más ricos y los más pobres que se ensancha, ya convertida en una grieta. La grieta más real y más dolorosa.

Comments are closed.