La nueva revolución productiva El plan de transformación productiva de Cambiemos

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Introducción


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“Este gobierno tiene como norte el desarrollo; así vamos a lograr llegar al objetivo de pobreza cero… con un plan de infraestructura y un plan productivo para quienes quieran invertir, vamos a generar empleo y a crecer”. Mauricio Macri, 13-9-2016

Habitualmente suele haber pocas menciones en el discurso del presidente Mauricio Macri al desarrollo industrial. El caso más paradigmático se vio reflejado en la apertura de sesiones legislativas donde a pesar de la significativa cantidad de despidos del sector manufacturero computados a la fecha y el recurrente reclamo sindical, el presidente optó por no mencionar al sector industrial.

Como contrapartida, son cada vez más repetidas las menciones referidas a convertir a la Argentina en un país de servicios, motorizando la economía con eje en dichas actividades.

El presente trabajo pretende analizar el plan elaborado por el Gobierno para concretar esta visión y recorrer el camino de una nueva “reconversión productiva” de nuestra economía.

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1. La situación de la industria hoy

Desde la asunción de Cambiemos, la evolución de la industria ha sido de caída constante. En efecto, el indicador EMI (Estimador Mensual Industrial) muestra que la industria ha sufrido una contundente evolución negativa.

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En particular, en lo referido a la actividad textil, el informe del INDEC al respecto menciona que “el bajo desempeño de la producción de hilados de algodón se vincula, principalmente, con el menor nivel de ventas en el mercado interno, lo que ha originado un incremento en los niveles de stock de productos terminados. En el caso de la elaboración de tejidos, según fuentes consultadas se observa un menor consumo interno y un incremento de las importaciones en determinados segmentos de la cadena textil e indumentaria que afectan la demanda de insumos textiles nacionales”.

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Esta evolución es trascendente habida cuenta de que la industria textil es una de las actividades consideradas como “sensibles” por el Gobierno Nacional.

Sumado a ello, como se percibe en el gráfico a continuación, la caída de la cantidad de trabajadores en la industria ha sido constante en 2016 (según la fuente oficial del SIPA). El gráfico además muestra la evolución del indicador para la industria de la EIL – Encuesta de Indicadores Laborales – que tiene la misma inclinación pero que además incluye el mes de mayo de 2017, donde se sostiene la caída del sector.

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El Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) computa 54.195 trabajadores menos en

el sector industrial entre noviembre de 2015 y abril de 2017.

2. La distancia entre los objetivos y la realidad

El documento del Ministerio de la Producción -encabezado por Francisco Cabrera- denominado “Plan Productivo Nacional” fue elaborado en el trascurso de 2016. Este ambicioso plan diagnostica la situación industrial argentina y expone un recorrido donde es posible identificar las principales medidas económicas que hoy afectan a la industria nacional.

Entre los objetivos del plan se encuentran los siguientes puntos:

– Aumentar el PBI 4% por año entre 2015 y 2019, similar a Colombia en el período 2010-2016.

En relación a este objetivo, se observa que para el INDEC el PBI registra una caída de 2,3% en 2016. En este escenario, la Argentina debería crecer los tres años restantes 6,19% por año para alcanzar los objetivos previstos.

– Crecimiento de exportaciones de 8,7% anual (igual que México en 2010/2016), pasando de u$ 57 mil millones en 2015 a u$ 82 mil millones en 2019, sostenido en el diagnóstico de que el ascenso de nuevas clases medias mundiales abren oportunidades de exportación.

Poco ha sido el avance de Cambiemos para cumplir este objetivo. La variación de exportaciones en el primer año de Cambiemos, incluso a pesar de la devaluación, solo generó un aumento de 1,67% en las exportaciones, pero motivadas exclusivamente por productos primarios. Para lograr el objetivo propuesto las exportaciones deberían aumentar 42% hasta 2019, a razón de 12,41% anual acumulativo, y lograr así alcanzar los u$ 82.000 millones previstos en 2019. Este objetivo parece algo ambicioso, dado el escenario de retracción actual de la demanda mundial.

– Reducir la informalidad laboral, bajando 6 p.p. igual que Turquía para llegar a 34% (estimada en el paper en 40%).

La estimación de 40% de informalidad laboral remite a los niveles del año 2007. La información disponible en el Boletín de Estadísticas Laborales del MTEySS, al segundo trimestre de 2015, indica que la informalidad ascendía a 33,10%. La reducción de 6 puntos porcentuales implicaría entonces reducir los niveles actuales a 30% en 2019, para luego lograr 27% para el 2023. La propuesta para evitar el empleo informal reside en reducir costos laborales considerando que ello impactará en el registro de los trabajadores. Esto implica desconocer lo sucedido en la década de los noventa (se produjo exactamente lo contrario, la informalidad ascendió desde guarismo menores al 30% en 1990 y 1991, al 44% en 2002) y la conformación interna del 33% de informalidad actual, derivada de una reducción de 10 puntos entre 2003 y 2015.

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– Aumentar la inversión del 18% al 25% del PBI, similar a chile entre 2014 y 2016.

Al analizar la Formación Bruta de Capital Fijo, se observa que el promedio se redujo en 2016, alcanzando un nivel de 15,1%, es decir, casi 10 puntos porcentuales por debajo del nivel que pretende alcanzar el plan.

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– Aumentar la IED (Inversión Extranjera Directa) de 5,5% del total de IED de América Latina a 10% del total, en 2019.

En lo referido a la Inversión Extranjera Directa, los gráficos que se presentan a continuación resultan elocuentes. El nivel de 2016 sólo recupera los niveles alcanzados en 2013, muy por debajo de 2011 y 2012.a3

Esta performance resulta aún más abrumadora cuando se analiza el desempeño de nuestro país durante 2016 en relación al resto de los países de la región: Argentina fue el que menos inversión extranjera como porcentaje de PBI recibió el último año, sólo apenas por encima de Ecuador.

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– Generar 260 mil puestos de trabajo por año, similar a Chile entre 2008 y 2015.

En lo referido a empleo registrado privado, el Gobierno planifica la creación de 260.000 puestos por año. El plan estima en 6.600.000 la cantidad de trabajadores registrados privados y planifica alcanzar la meta de 7.500.000 hacia 2019, lo que significa una tasa de crecimiento anual acumulativa de 3,25% (900.000 puestos nuevos). Sin embargo, el punto de partida difiere del planteado en el plan. Estrictamente, a diciembre de 2015 la cantidad de trabajadores privados registrados ascendía a 6.246.526. Pero a contramano de lo planificado en el Plan, a diciembre de 2016 la cantidad resulta menor que en 2015: 6.202.917 casos. Desde este punto entonces, alcanzar los 900.000 puestos mencionados implicaría llegar a 7.146.526 trabajadores registrados privados (que además, no llegan a ser los 7.500.00 de la meta del Plan), lo que entonces supondría incrementar el empleo a una tasa de crecimiento anual acumulativa mucho mayor a la prevista originalmente, de 4,83%. Este ritmo de crecimiento de empleo no resulta consistente con un escenario macroeconómico que, luego de una recesión en 2016, mostraría -en el mejor de los casos, una expansión moderada de su PBI. Con una elasticidad empleo-producto entre 2008 y 2015 cercada a 0,31, el resultado planteado resulta virtualmente imposible.

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3. ¿Crear o destruir? La trampa de la reconversión laboral

En materia laboral, el Plan tiene otro capítulo: la reconversión industrial. Resulta curioso que el mencionado apartado contiene precisiones sobre la destrucción de empleo “excedente” en determinadas ramas de la industria, pero no sobre creación complementaria (o reubicación de los trabajadores) y menos aún sobre la creación genuina de los 900 mil puestos mencionados en la meta anterior.

En este contexto, y bajo la premisa de que determinados sectores no son competitivos a nivel internacional, la propuesta de Cambiemos implica la reducción de la economía sólo a los sectores en condiciones de competir a precios internacionales.

El actual Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, lo planteaba en junio de 2016: “Hay un espacio muy grande para que la economía se recupere con muy poco empleo. Porque hasta ahora lo que había era un toma y daca entre el sector privado y el gobierno anterior en el cual el gobierno cerraba la economía, le daba rentabilidad a cada uno de los sectores negociadas a cambio de que no despidan personal. Entonces, en el sector textil había cinco o seis jugadores podían importar y cargar precios ridículos después en el mercado local y a cambio de eso que no se les ocurra echar ni a uno de sus mil o dos mil empleados que tenían de más. Eso existe a lo largo de toda la economía, y ese es un problema”.

En términos generales, la propuesta del Plan Productivo Nacional reside en “acelerar y estabilizar el crecimiento para estimular la creación de empleo privado formal”. Tanto en la mención de Dujovne como en el planteo del Plan, se percibe una mirada económica netamente ortodoxa y aperturista, que cuestiona la política del Gobierno anterior relacionada con sostener a la protección comercial con fines de preservar el empleo.

La preocupación central del Gobierno se concentra en 4 actividades: calzado, textiles, electrónica y muebles, actividades que considera “sensibles”. A estas deben sumarse automotriz y autopartes, maquinaria agrícola y medicamentos, consideradas “latentes”.

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El Gobierno propone para los sectores “sensibles” (Hilandería, tejeduría y confección textil calzado, electrónica de consumo, muebles) “reconversión laboral, financiamiento para mejora de la productividad y reconversión y apertura gradual”, mientras que propone para los “latentes”, “apoyo a pioneros exportadores y prácticas de desarrollo exportador, mecanismos de pre y post financiación de exportaciones y mejoras de gestión”. La traducción del plan productivo en materia de empleo, implica el impulso de lo que denominan Plan Nacional de Modernización Laboral, en el que se descubren varias de las políticas ya implementadas: ART, reducción de litigiosidad, etc.

Pero ¿cómo planifican lograr el aumento de la productividad? Será resultado de la reducción al 50% del personal manteniendo los niveles de producción. Es decir, aumentar la productividad laboral, a los fines de alcanzar precios “competitivos” internacionalmente. El plan pone en jaque un millón de empleos, de las actividades consideradas “sensibles”. En concreto, sobre este total mencionado, se apunta a “reconvertir” 364.000 puestos de trabajo entre las actividades “latentes” y “sensibles”. Es decir, empleos que como mencionaba Dujuvne “están de más”.

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Es imprescindible detenerse aquí. La gráfica precedente ilustra de manera fidedigna el mecanismo de aumento de la productividad según Cambiemos.

Por un lado, allí el Plan plantea la reconversión laboral y lo asocia irremediablemente a lo que significa en la jerga de Cambiemos: desocupación. Es el mismísimo documento el cual menciona que esta “reconversión” significa “el 20% del empleo industrial”, es decir “2 puntos en el desempleo”2.

En segundo lugar, es nuevamente el documento el que cuantifica la cantidad de empleados “en exceso”. Así entonces, el 31% de los empleos de los sectores sensibles, es decir 255.000 trabajadores, deben “reconvertirse”, a lo que es necesario sumar 109.000 adicionales de sectores “latentes” (38% de los 300.000 estimado en dichas actividades)3. Si consideramos que desde noviembre de 2015 la industria manufacturera expulsó 52 mil trabajadores, podemos estimar en 312 mil los puestos de trabajo del sector que aún “exceden” el nivel esperado por el Gobierno.

Y finalmente es el mismo documento el que presume y considera que la desocupación derivada de su plan es sencillamente un efecto no deseado. El informe insiste en que “el 60% del empleo privado podría ser automatizado en los próximos 15 años” y que ello mismo justifica la mencionada reconversión.

Por último, la destrucción de ramas económicas que son fuertemente dependientes del mercado interno se basa en un modelo económico que confía en la capacidad exportadora como principal motor de la demanda. En efecto, el único Plan productivo de Cambiemos (el Plan Productivo Nacional) no estima, promueve ni menciona diagnóstico ni política alguna en relación al mercado interno o la producción destinada al mercado local.

El diagnóstico del Plan reside en que el ascenso de nuevas clases medias mundiales permitirá mayores exportaciones, derivando ello en un crecimiento de las mismas de 12,4% anual.

 

3. El caso Australia. Un país de servicios

El Plan Productivo elogia la política implementada por Australia, por haber convertido al país en un país de servicios, y propone recorrer el mismo camino: apertura gradual con reconversión productiva.

Sin embargo, existen sustanciales diferencias que hacen difícil imaginar el desarrollo argentino a través de un proceso similar.

En primer lugar, como menciona Martín Guzmán, la estructura demográfica de Australia “puede satisfacer la condición de pleno empleo prescindiendo de la industrialización, a partir de una demanda de servicios derivada de los ingresos por la venta de recursos naturales, que -valga la aclaración-, se da así porque la renta que proviene de los recursos naturales se reparte más entre la sociedad. Pero es una comparación que no tiene ningún sentido. Australia es mucho más rica que nosotros en recursos naturales. El país exporta principalmente commodities, y el valor de las exportaciones per cápita es de U$S 10.000 por año, cuando para nosotros es de U$S 1500. Son 22 millones de personas y nosotros somos 40 millones, y tenemos un montón de trabajo no entrenado”.

Por otro lado, la inversión en I+D (Investigación y Desarrollo) en Australia es mucho mayor que en la Argentina. Según el Instituto de Estadística de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la I+D en Australia ascendía en 2013 a 2,20 del PBI, y destinada a apuntalar las exportaciones de productos primarios, mientras que en la Argentina orilla el 0,61.

Adicionalmente, si bien Australia es considerado un país de exportaciones de productos primarios con relativo bajo nivel tecnológico (sus exportaciones son esencialmente minerales, hidrocarburos y alimentos), presenta la ventaja de poseer una elevada dotación de recursos naturales per cápita (población de 2,9 habitantes por km2), la cercanía geográfica con Japón y China, y el apoyo del financiamiento de EEUU para sostener una balanza comercial altamente deficitaria.

Pero incluso en la tarea concreta de copiar a Australia, también surgen diferencias. Allí el programa de apertura gradual se desarrolló entre 1989 y 2005, pero recién en 2015 los aranceles fueron llevados a niveles mínimos, mientras que en nuestro país, por ejemplo, en sólo un año se eliminaron el 100% de los aranceles a las computadoras. Asimismo, y tal como menciona el Plan, los australianos invirtieron u$13.000 millones subsidiando a empresas entre 1991/1999. No parece haber vocación en el Gobierno de dedicar esos recursos a la reconversión de pymes industriales de nuestro país.

La distribución del ingreso es otro diferencial. Como explica con precisión Enrique Arceo, la distribución más equitativa de la tierra en la conformación del estado nacional contribuyó a la creación de actores sociales diferentes (con menor concentración) y por ende a crear un estado distinto (no oligárquico como el argentino). Junto con ello, su estructura impositiva prevé 45% de alícuota del impuesto a las ganancias a quienes ganan más de 3 millones de pesos. Esto se refleja en el índice de Gini en Australia, que es de 0,305 (2006).

Finalmente, resulta trascendente la cuestión de los costos laborales. En Australia, el salario mínimo es de casi u$ 3.000 mientras que en la Argentina apenas supera los u$ 500. Da la impresión que Argentina pretende convertirse en Australia pero con costos laborales mexicanos.

Cambiemos ha esbozado distintos países de referencia sin acordar internamente sobre qué ejemplo copiar: se ha mencionado el caso de la India en salarios y referido al sector servicios, México, en el caso de costo laboral automotriz, Chile en relación a la apertura, o Perú y Colombia con acuerdos bilaterales, además de un sistema financiero al estilo norteamericano. El propio Macri ha especulado con ser el supermercado del mundo.

Apertura, desregulación financiera, país de servicios, reprimarización y bajos costos laborales muestra más bien el objetivo de cumplir con las demandas de la banca extranjera, del agro y de las empresas concentradas de perfil exportador.

La nueva revolución productiva Conclusiones

  • –  El Plan gobierno Productivo Nacional de Cambiemos en el programa rector para el sector industrial desarrollado por Cambiemos.
  • –  Las políticas implementadas por el gobierno desde su asunción han alejado los objetivos estimados en el Plan para 2019.
  •  Dada la caída del PBI en 2016 la Argentina necesitaría crecer al 6,19% para lograr el objetivo previsto en el documento.
  • Asimismo, las exportaciones deberían aumentar al 42% en los próximos tres años.
  • Argentina tendría que reducir el empleo informal 3 puntos porcentuales mediante la reducción de costos laborales, con la misma receta de la década de los noventa (que produjo exactamente lo contrario).
  • Nuestro país debería aumentar la inversión, que se redujo en 2016, 10 puntos porcentuales por encima del nivel actual.
  • Deberíamos duplicar la participación de Argentina en la IED en América Latina, cuyo aumento en 2016 sólo recuperó los niveles alcanzados en 2013, muy por debajo de 2011 y 2012.
  • Se debería logra incrementar el empleo a una tasa de crecimiento anual acumulativa de 4,83%, totalmente inconsistente con un escenario macroeconómico que, luego de una recesión en 2016, mostraría -en el mejor de los casos, una expansión moderada de su PBI. Con una elasticidad empleo-producto entre 2008 y 2015 cercada a 0,3, el resultado planteado resulta virtualmente imposible.
  • –  En términos de empleo, el plan pone en jaque un millón de puestos de trabajo, vinculados a las actividades industriales consideradas “sensibles” y “latentes”. En este sentido, prevé la reducción al 50% del personal de parte de las actividades consideradas (calzado, textiles, electrónica y muebles, automotriz y autopartes, maquinaria agrícola y medicamentos) manteniendo los niveles de producción. Es decir, aumentar la productividad laboral, a los fines de alcanzar precios “competitivos” internacionalmente.
  • –  En concreto, sobre este total mencionado, se apunta a “reconvertir” 364.000 puestos de trabajo entre las actividades “latentes” y “sensibles”. Es el mismísimo documento el cual menciona que esta “reconversión” significa “el 20% del empleo industrial”, es decir “2 puntos en el desempleo”.
  • –  El documento cuantifica la cantidad de empleados “en exceso”. Así entonces, el 31% de los empleos de los sectores sensibles, es decir 255.000 trabajadores, deben “reconvertirse”, a lo que es necesario sumar 109.000 adicionales de sectores “latentes” (38% de los 300.000 estimado en dichas actividades).
  • –  Si consideramos que desde noviembre de 2015 la industria manufacturera expulsó 54 mil trabajadores, podemos estimar en 310 mil los puestos de trabajo del sector que aún “exceden” el nivel esperado por el Gobierno.
  • –  El único Plan productivo de Cambiemos (el Plan Productivo Nacional) no estima, promueve ni menciona diagnóstico ni política alguna en relación al mercado interno o la producción destinada al mercado local
  • –  El gobierno insiste en copiar el modelo Australiano, con el único objetivo de justificar la apertura de la economía. Así entonces, evita analizar las similitudes y diferencias entre las economías de ambos países, como también los mecanismos distributivos y niveles salariales de aquel país.

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