Pobreza CEO

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“Vivíamos en un hotel de Gerli. Con mi señora lo pagábamos con mucho esfuerzo pero desde que me echaron se nos hizo imposible”, dice Daniel Fuentes, mientras sostiene en brazos a su hija Ludmila, de 2 años y medio. Ahora, cuenta, pagan día a día habitaciones de distintos hoteles. “Dependiendo lo que tengamos en el día, vamos a uno o a otro”, dice.

Daniel trabajaba en una empresa de seguridad privada. Lo hacía durante 10 horas, intercalando horarios nocturnos, 6 días a la semana y con francos rotativos. Enero fue el último sueldo que cobró: apenas $8.000. Lo despidieron por reducción de personal y ni siquiera le avisaron. Él se presentó en horario, como hacía siempre, en la concesionaria que custodiaba de la calle Córdoba, pero al llegar ya había una persona con el mismo uniforme que él. Daniel se fastidió y pensó: “Otra vez no me avisaron”. Es que, según cuenta a Nuestras Voces, eran habituales los cambios abruptos y sin aviso del lugar que había que custodiar. Durante 3 meses podía ser una concesionaria automotriz, para luego cambiar a un cementerio privado o una farmacia. Sin embargo, esa vez que llamó a su superior éste le comunicó que lo habían echado. “Pensé que te había avisado”, agregó con total naturalidad. Así fue que el primer domingo de febrero Daniel se enteró que era un desempleado.

Uno más de los casi 151.000 registrados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) desde el inicio del nuevo gobierno hasta fines de mayo de este año.

Desde entonces, Daniel y su esposa Yanina se intercalan el cuidado de Ludmila, mientras el otro busca trabajo. “Es que al pagar por noche debemos dejar bien temprano la habitación y no tenemos dónde dejar a Lu”. Así es que mientras uno recorre comercios y se postula a distintos trabajos, el otro camina vagones del subte A con Ludmila en brazos y pidiendo una ayuda. “La gente es muy solidaria”, dice Daniel. Tiene la mirada perdida y se le dibuja una sonrisa. “Ayer una señora nos regaló una chocolatada, ¿no, luli? ¿te acordás?”. La nenita se ríe y se esconde en el hombro de su padre.

Un estudio reciente elaborado por CEPA y el Instituto de Economía Popular (Indep) señala que de diciembre a abril la pobreza creció 67% en las regiones urbanas del Gran Buenos Aires. Así es que pasó de ubicarse en el 19,82% en noviembre pasado a 33,25% a fines de abril de este año. El estudio apunta que “el aumento más fuerte tuvo lugar en el corto lapso comprendido entre noviembre 2015 y enero 2016, donde la pobreza se elevó de 19.82% a 29.23%, registrando un aumento de más de 9 puntos en tan solo dos meses”. Esto se explicaría por la brusca devaluación de diciembre que, junto a la quita de retenciones y liberación de las exportaciones de productos agrícolas, incrementó el precio local de los mismos, encareciendo la canasta básica mientras que los salarios se mantenían estancos. Así es que entiende la abrupta caída del poder adquisitivo salarial, que de noviembre a abrilcayó 28%, de los cuales 21,5% de esa caída se dieron entre diciembre y enero.

El siguiente cuadro permite apreciar los incrementos en la Canasta Básica Total (CBT) para un Hogar Tipo[1]. La CBT está conformada por la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y otros bienes no alimentarios, como pueden ser gastos de vivienda, servicios, transporte, etc. Otro de los métodos de medición del CBT es observar la proporción del gasto de la canasta básica dentro del gasto total del hogar en la población de referencia.

cepa1Como se observa en el cuadro 1, “para no ser pobre en el Gran Buenos Aires un hogar tipo debe tener ingresos superiores a $10,708.52”. Esto significa que el salario mínimo vital y móvil (SMVM) no alcanza para que una familia no sea pobre.

Como se apuntó previamente, los mayores saltos se produjeron en diciembre y enero, tras la devaluación, la quita de retenciones y de límites exportables.

La calle, último refugio

Paola tiene 23 años, pero parece de más. Sus ojeras, su pelo enmarañado y su rostro pálido la avejentan. Cuando uno la ve, en el piso, al costado de la entrada de un supermercado en Congreso, diría que tiene por lo menos 30 años. Pero no:tiene 23 y desde hace 3 meses vive en la calle. “Vivía con mi vieja y su novio en Tigre – dice- pero bueno, ahora estoy acá”. No entra en detalle pero se percibe que Paola se angustia al contarlo, que de algo escapó en Tigre. Algo lo suficientemente grave y feo para hoy,preferir vivir en la calle. “Acá tengo todo”, afirma y uno se pregunta a qué se refiere al ver que no tiene más que un par de zapatillas, unas calzas negras, una remera, un buzo polar y una colita para el pelo. “La gente se copa. Siempre ayuda. Se dan cuenta que uno está necesitado”. Varias personas le dan monedas o le compran algo para comer del buffet del COTO de Bartolomé Mitre y Montevideo. Cuando tocan días difíciles o de mucho frío, Paola va a Hipólito Yrigoyen y Solís, donde casi a diario grupos religiosos o de oenegés sirven platos calientes para personas en situación de calle.

El informe de CEPA e Indep señala que los casos como el de Paola también se han multiplicado. De hecho, sostienen que en la población urbana del Gran Buenos Aires la indigencia, es decir, quienes no pueden afrontar sus necesidades nutricionales con ingresos propios, “ha aumentado 38% en sólo seis meses,pasando de 5.71% en noviembre 2015 a 7.89% en abril 2016”.

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Tal como se observa en el siguiente cuadro, el precio de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) sufrió importantes aumentos –acumulando un total de 68%- desde noviembre a esta parte.

En palabras de CEPA e Indep: “La CBA se constituye por aquellos bienes de consumo alimentarios que requiere una persona para sobrevivir. La composición (…) está conformada a partir de estudios de nutricionistas que establecen cuánto es el mínimo requerimiento calórico necesario para la población”.

cepa3Pero eso no es todo. El informe económico también advierte que existe una importante franja social que se encuentra en excesivo riesgo. Es el caso de lo que denominan “población en situación de vulnerabilidad” que, según señalan, alcanza al 4,62% de las personas. Este grupo está conformado por personas/grupos familiares cuyos ingresos son apenas –hasta un 10%- superiores a los mínimos requeridos para sortear la categoría de “pobreza”.  El estudio es muy claro al respecto al señalar que “de continuar profundizándose el incremento de precios minoristas sin un aumento de ingresos que lo supere o al menos resulte correlativo, esta población también se ubicará por debajo de la línea de pobreza”.

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En un contexto de estanflación, donde existen múltiples indicadores que dan cuenta de una caída de la actividad y una inflación interanual que supera el 40% -y en lo que va del 2016 roza el 30%-, el gobierno no apura medidas que ayuden a los sectores más desfavorecidos. El caso de la devolución del IVA es un claro ejemplo de ello. Pese a haberlo anunciado con bombos y platillos en acto oficial hace más de un mes y haberse promulgado a través del decreto 771/2016, al día de hoy aún no se reglamentó. Algo muy distinto a lo que sucedió con la quita de retenciones a las empresas mineras o incluso a los productos agrícolas. Esta demora para algunos y premura para otros, no parece ser casual.

La postergación de los frutos del mentado “segundo semestre” para el año próximo no hacen más que amplificar la necesidad de medidas precisas y focalizadas para los más necesitados, que cada vez son más.

[1] Compuesto por 3.09 adultos equivalentes. O de cuatro miembros: un jefe varón de 35 años, su esposa de 31 años, un hijo de 5 años y una hija de 8 años. El INDEC estableció 3 hogares tipo para presentar las canastas de consumo véase INDEC (2012 a).

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