Señal de ajuste

ajuste

Los análisis que preanuncian la aplicación de un ajuste por parte de Mauricio Macri, en caso de triunfar el 22 de noviembre, están lejos de la exageración. Se trata del resultado que se obtiene de realizar una aplicación integral de un conjunto de medidas planteadas por Macri y su el equipo económico. Los siguientes serían las medidas económicas, según lo adelantaron los asesores del macrismo, y la interrelación entre las distintas variables.

1 Fuerte devaluación. El objetivo esgrimido es la mejora de la “competitividad” en relación a las devaluaciones de Brasil y otros socios comerciales. Rogelio Frigerio indicó que “la competitividad está por el piso”, sosteniendo al igual que Alfonso Prat-Gay y Carlos Melconian, que el tipo de cambio debería acercarse a los 16 pesos, valor similar al dólar ilegal. Martín Lousteau dio por descontada la devaluación, agregando que “no va a ser culpa del que venga sino del que se está yendo”.

Vale apuntar al respecto:

a. La “necesidad” de devaluar se sustenta en una visión ficticia de la competitividad, que se basa en la alteración del tipo de cambio como mecanismo de estímulo exportador. Tal análisis oculta que el desempeño externo no depende estrictamente del abaratamiento ficticio vía devaluación de los productos, sino que depende del nivel de la demanda mundial, estancada desde hace rato por efecto de la crisis internacional. Es decir, como dijo Diamand en 1974, la devaluación no genera per se dinamismo en las exportaciones.

b. Al igual que en el conjunto de América Latina y países del Caribe, ha tenido impacto negativo la caída de los precios de los commodities a nivel global por la crisis internacional: en 2015 el déficit comercial para América latina y el Caribe ascendería a 67.860 millones de dólares, cuando el rojo había sido de 29.668 millones en 2014 y de 3781 en 2013, según datos de Cepal. Para Argentina, con un sencillo cálculo que multiplica el precio internacional de los productos exportados de los primeros ocho meses de 2014 por las cantidades exportadas en el mismo período de 2015, el valor de las exportaciones argentinas hubiese superado en 13.204 millones de dólares al actual. Los precios internacionales no dependen de las medidas locales, e incluso, con cantidades exportadas constantes, la medida de devaluar en función de la caída de los precios internacionales no logra aumentar en términos absolutos el ingreso de dólares.

c. Si bien la devaluación podría mejorar el resultado de la balanza comercial a través de la reducción de las importaciones, el efecto del aumento de los costos de insumos importados actuaría de manera recesiva.

d. Aunque deliberadamente se oculte, la principal consecuencia de la devaluación se expresa en una transferencia de ingresos del trabajo al capital: su efecto es una redistribución regresiva de ingresos desde los trabajadores (que perciben ingresos fijos) hacia los empresarios particularmente exportadores (dado que significa una reducción del costo salarial medido en dólares y una multiplicación de sus ganancias dado que perciben ingresos variables). La caída del salario real además reduciría el consumo, por ende la producción y sumaría presiones al nivel de empleo. Como contraparte del retroceso de las mayorías populares los exportadores se ven favorecidos ampliamente. Si se considera un stock de granos de soja hoy guardado en silobolsas que se ubica entre los 8000 y 10.000 millones de dólares, con una devaluación del 60 por ciento y la eliminación el 35 por ciento de retenciones, los exportadores de soja embolsarían una ganancia adicional entre 78.160 millones de pesos y 97.700 millones de pesos. Es decir, prácticamente más que duplicarían su capital (dado que 10.000 millones de dólares de soja hoy equivalen a 62.300 millones de pesos y recibirían 160.000).

2 Acuerdo con los fondos buitre. Con el objetivo de un nuevo endeudamiento externo, para los economistas de Macri el arreglo con los fondos buitre resulta una medida de primer orden. ¿Cuál sería el efecto de este shock de endeudamiento que se inicia en un piso de 8000 millones de dólares que acaba de incluir Griesa en su sentencia y que puede alcanzar los 20.000 mil millones de dólares considerando un total aproximado de deuda con los “me too”?

a. De considerarse un aumento de deuda en 20.000 millones de dólares, la deuda externa del sector privado respecto al PBI subiría del 8 por ciento actual al 12 por ciento.

b. Considerando que las garantías solicitadas por parte de los fondos buitre a Griesa han sido YPF y Vaca Muerta, se abriría la puerta a futuras privatizaciones.

3 Nuevo endeudamiento y levantamiento del “cepo”. “Nosotros vamos a generar la confianza necesaria como se observa desde el domingo pasado para la entrada de inversiones privadas y de los organismos multilaterales” dijo Rogelio Frigerio. Los efectos del ingreso de dólares en las condiciones y con los acreedores planificados por el PRO, implicarían:

a. Si se considera un posible endeudamiento de 20.000 millones de dólares factible de acordarse durante el primer año, al que se agrega el mencionado acuerdo con los fondos buitre cercano a los 11.000 millones de dólares (este monto estima el PRO), y se computa la devaluación del 60 por ciento, la consecuencia directa es una elevación del ratio deuda externa de privados en dólares/PBI al 22 por ciento. Esto se traduciría en el significativo aumento del peso de pago de intereses sobre la recaudación y su efecto sobre la implementación de políticas públicas.

b. Como resulta ampliamente conocido, un endeudamiento con organismos multilaterales como el FMI/BM resultaría en una evidente pérdida de soberanía en función de sus exigencias. Hace menos de un mes, el mismo FMI indicó para la Argentina el camino que Mauricio Macri quiere impulsar: ajuste fiscal y una orientación monetaria más restrictiva, junto con la eliminación de subsidios.

4 Fuga. Tal como menciona Eduardo Basualdo, durante la aplicación del modelo de Valorización Financiera en el período 1976-2001, el endeudamiento y la fuga constituyeron un mecanismo recurrente de la cúpula empresaria. En la última década, si bien a partir de una acumulación con eje en la producción, la tendencia a la fuga de este sector no ha estado ausente: las estimaciones más conservadoras indican 100 mil millones de dólares en Formación de Activos Externos entre 2003 y 2014, sin considerar operaciones como subdeclaración de exportaciones, sobrefacturación de importaciones y precios de transferencia.

En este marco, los elevados niveles de ganancias de la cúpula y los excedentes resultantes de una posible devaluación brusca, inducirían a la oligarquía diversificada a hacerse de divisas y fugarlas del circuito de la economía local. Esta posibilidad seduce a ese sector del capital al punto tal que, en caso de un ingreso de dólares frescos, la nueva presión devaluacionista y fugadora se intensificaría. La disputa constante entre este círculo de exportadores concentrados-fugadores-oligopolios formadores de precios y el gobierno nacional se ha manifestado en intentos –fuertemente resistidos– de mejorar las herramientas tendientes a controlar esta conducta, como el control cambiario, la administración del comercio, los directores en las empresas o la pelea anual con las cerealeras para liquidar la cosecha. La eliminación de controles y regulaciones junto con el ingreso de dólares y la posible devaluación, implicarían que esas nuevas divisas sólo terminen financiando la fuga de capitales.

5 Eliminación de las retenciones y suba de tarifas. Si bien Mauricio Macri manifestó que “la inflación es un cáncer”, es importante indicar que la eliminación de las retenciones significa un aumento de los precios de la canasta básica: el recorte de los derechos de exportación induciría al acople de los precios internos a los internacionales. El ejemplo del pan, producto derivado del trigo, es ilustrativo: según el Ministerio de Economía, si se considera el aumento del precio internacional del trigo en un 91 por ciento entre 2004 y 2014, el kilo de pan hubiera costado 43,2 pesos, mientras que el precio acordado para el pan en marzo de 2014 fue de 18 pesos. También la potencial eliminación de los cupos de exportación desconocerían una cuestión central: la necesidad de contar con stock suficiente que permita cubrir la demanda interna que permita que el precio del pan (en un país que produce trigo y se autoabastece) no se encuentre condicionado por el precio internacional.

El ajuste de tarifas, ya anunciado por la candidata a vicepresidenta Gabriela Michetti (“no podemos estar pagando la luz, el gas y hasta el transporte como lo estamos pagando”) complementaría esta cuestión generando un incremento del nivel de precios y nuevamente pérdida de poder adquisitivo.

6 Apertura y política monetaria restrictiva. Siguiendo políticas ortodoxas de control inflacionario, el mecanismo propuesto sería el enfriamiento de la economía (reduciendo el gasto y aumentado la tasa de interés) acompañado de apertura económica que ponga un “techo externo” al valor de los productos. Distintas declaraciones adelantan una reducción de los niveles de protección de la economía y la suba de tasas de interés. Macri indicó que “no podemos permitir la animalada de restringir importaciones”. Melconian agregó que “no hay ninguna posibilidad en el país que viene de que no exista la alternativa de libre comercio”.

La política de atracción de inversiones, liberalización del comercio y acercamiento con Estados Unidos puede ser un gran puente para que el resto de las economías coloquen sus excedentes productivos en nuestro mercado. A su vez, la reducción de la emisión y la suba de tasas de interés por encima del nivel inflacionario, con intenciones de desalentar corridas cambiarias, no solo enfriarían aún más la economía sino que habilitarían el negocio especulativo, con la finalidad de atraer dólares financieros de valorización de corto plazo.

7 Ajuste fiscal. “Vamos a bajar el déficit fiscal. La Argentina no puede gastar más de lo que le ingresa” indicó Frigerio. Dada la propuesta desfinanciadora del PRO (fin de retenciones y fin del Impuesto a las Ganancias de la cuarta categoría) la reducción de los gastos públicos deberá ser significativa, para así reducir el déficit (“alcanzar el equilibrio fiscal” como idea repetida por todos los economistas de Macri) y compensar esa merma de ingresos.

Considerando sólo la quita de retenciones más la eliminación del Impuesto a las Ganancias a la cuarta categoría, los ingresos fiscales caerían en poco más de 150 mil millones de pesos anuales, lo que equivaldría al 10 por ciento de los recursos tributarios. Sobre esta merma, habría que considerar otros gastos (como los subsidios a la exportación demandados por la cúpula o la eliminación de aportes patronales al empleo joven ya prometidos por el PRO) y también la reducción de aquellos ingresos tributarios endógenos o sujetos al desempeño de la actividad económica. De este modo, disminuirían notablemente el total de ingresos fiscales obligando a profundizar una caída aún mayor del gasto público.

Recapitulando, Macri y su equipo económico utilizan eufemismos y palabras abstractas, con la suficiente precisión para que el conjunto de la población entienda “cambio” y el establishment económico interprete “negocio financiero”. En el ejercicio concreto de los impactos de la propuesta macrista del “cambio” se delinea un escenario con claro sesgo anti-productivo y anti-mercado interno, orientado al negocio de la especulación, con transferencia de ingreso hacia el capital concentrado (vía devaluación y fuga) y contracción de la economía ajustando de manera regresiva el gasto público.

Por Leandro Ziccarelli, Julia Strada y HernÁn Letcher

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