“Vengo a proponerles una hoja de ruta”

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Si Néstor Kirchner sostuvo aquel 25 de mayo de 2003 que venía proponer un sueño a los argentinos, Mauricio Macri en su primera apertura de sesiones del Congreso, vino a proponer una “hoja de ruta” y -en un discurso carente de propuestas- definió el “cambio” en tres ejes fundamentales.
En primer lugar, corroboró el camino adoptado el 10 de diciembre de 2015, vinculado al reparto regresivo de los ingresos en una ecuación 70-30 que cierra muy bien al poder económico, pero relega también muy explícitamente a los sectores populares. En este sentido, mencionó que la inflación no es culpa de su gestión y que el mecanismo para contenerla será limitar la emisión monetaria y bajar el déficit fiscal, dos políticas ostensiblemente recesivas, que se combinarían con la libre competencia en lugar de la regulación estatal. En favor de las mayorías populares, sólo propuso la reducción de IVA para la canasta básica (que será compensada con la quita de la devolución de IVA del 5% para la compra por debito que hoy se aplica), realizó un impreciso anuncio de ampliación de la asignación universal por hijo y esbozó la intención de una “respuesta sustentable” a los reclamos de los jubilados del 82% móvil. Nada dijo sobre las promesas incumplidas en relación al impuesto a las ganancias que incrementó la cantidad de contribuyentes y sobre la colocación de topes del 20 al 25% a las paritarias de los trabajadores.
Si bien manifestó su preocupación por los productores agrícolas, celebró la quita de retenciones que benefició al eslabón más concentrado de la pampa húmeda sin mencionar los serios problemas que atraviesan los productores tamberos, los chacareros trigueros y los productores de pera y manzana de la Patagonia.
En segundo lugar, asentó el rumbo del endeudamiento con los acreedores externos, previo arreglo con los fondos buitres por la mitad de lo pagado a los bonistas reestructurados, que son el 93%.
En tercer lugar, corroboró la idea hegemónica que prevalece en Cambiemos: el Estado es ineficiente, creció en su tamaño, incrementó la presión tributaria, emitió pesos y generó inflación -todo ello sin mejorar su gestión-. A confesión de parte, relevo de pruebas. Esta idea no hace más que justificar lo implementado en los últimos dos meses: echar trabajadores con tareas bien concretas y en áreas estratégicas de la política pública, quitarle impuestos a los segmentos de mayores ingresos y desmantelar la estructura de regulación en materia de control de precios (Precios Cuidados y Sec. de Comercio), mercado energético (decreto 1277 y Comisión de Hidrocarburos), sector financiero (tasas de interés, comisiones), seguros (supresión de inciso k), y varios etcétera.
Néstor Kirchner nos propuso el sueño de un país con inclusión, crecimiento y desendeudado. Macri nos propone una “hoja de ruta” que desanda el esfuerzo de 12 años realizado por los argentinos.

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